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Jesús García Corona es el nombre del Héroe de Nacozari que ofrendó su vida por todo su pueblo

Hoy se cumple un año más de su muerte por salvar a Nacozari, y en su honor se celebra el Día del Ferrocarrilero en México.

Hoy recordaremos a un hombre del cual muchos desconocemos su nombre pero en todo el país hay calles, escuelas, que llevan el nombre del Héroe de Nacozari quien murió el 7 de noviembre de 1907, en su honor se celebra también en nuestro país el Día del Ferrocarrilero ¿quien es, qué hizo, porqué se le considera héroe? En este artículo te voy a dar a conocer todos estos detalles, el hombre anónimo es Jesús García Corona, nació en Hermosillo Sonora, en algunas biografías se dice que fue el 13 de noviembre de 1881 en otras el 2 de diciembre de ese mismo año.

Jesús fue el hijo menor de Francisco García Pino y Rosa Corona de García. Desde muy chico mostró habilidad en el manejo de maquinaria. Cursó sus estudios y aprendió de su padre el oficio de mecánico. Su padre al parecer murió en un trayecto de Hermosillo a Nacozari.Con su madre y sus 7 hermanos (Trinidad, Ángela, Artemisa, Rosa, Francisco, Manuel y Miguel) arribaron al pueblo de Nacozari, con la esperanza de encontrar trabajo para ella y para sus hijos. Todos encontraron empleo en la mina.

A los 17 años, Jesús solicitó empleo en la oficina del ferrocarril de la Compañía Minera. Debido a su corta edad, el encargado W.L. York le dio trabajo como aguador; pero adquirió rápidas promociones, y ascendió en poco tiempo al sector de mantenimiento de vías. Trabajó como controlador de frenos y después como bombero. En 1901, con veinte años, ya tenía las habilidades como para ocupar el puesto de ingeniero de máquinas, a pesar de no tener estudios formales. A esa edad llegó a ser ingeniero de máquinas. Transportaba el producto de las minas y a los mismos trabajadores, quienes le tenían gran aprecio.

García tenía fama de buen empleado. Tan complacida estaba la compañía con el trabajo de Jesús, que en la primevara de 1904 fue premiado con un viaje con gastos pagados a San Luis Missouri. Con él viajaron los mecánicos Rafael Rocco y Cipriano Montaño; José Vejar, encargado del concentrador; Zacarías Ruiz y Heraclio Ramos del Departamento de Almacenes, el electricista Ignacio Montaño, Francisco Ancira y Manuel Vázquez de la compañía de ventas. Tenía veintitrés años y un futuro que se antojaba prometedor. Seguiría ascendiendo en la empresa, tendría su propia familia, vería crecer a sus hijos, y, muy probablemente, algunos de ellos entrarían a laborar en alguna área de la compañía. Jesús García maquinista del ferrocarril que cubría la ruta Nacozari, Sonora, a Douglas, Arizona, E.U.A. Pero un momento de decisión borró ese sueño.

Llego el fatídico 7 de noviembre de 1907, Jesús solo tenía 25 años,
se dirigió al centro de Nacozari. Su locomotora fue la número 2 (erróneamente conocida como la 501, debido a una canción). Después de haber sido engrasada, ya lista para salir, Agustín Barceló e Hipólito Soto, encargados de frenos, reportaron que Alberto Biel, un alemán de edad madura, se encontraba en el hospital, por lo que Jesús García lo reemplazó y quedó a cargo del tren. La tarea del día, bien mirada, era razonable y hasta cómoda. Se trataba de hacer tres viajes de Nacozari a la mina de Pilares. Era un trayecto más bien corto, sin complicaciones. Pero en una cadena de errores se construyó el escenario de la tragedia.

El primer viaje de la jornada se hizo sin complicaciones. Durante el regreso, un empleado abordó el tren a la altura de un caserío conocido como El Seis, donde vivían empleados de las vías. El hombre le explicó a Jesús que había necesidad de trasladar algunas toneladas de dinamita a la mina. Se cuenta una anécdota que ocurrió ese día, mientras se cargaba el tren con los explosivos, Jesús aprovechó para hacer una breve visita a su madre. Estando en el café que atendía su madre, decidió aceptarle a ésta el desayuno. Doña Rosa, de sesenta años de edad era una mujer supersticiosa, estaba muy alterada.Así iniciaría la tragedia una explosión.

Cronología de la explosión. Tiempo: 1:00 PM. Después de una primera vuelta a la mina, la locomotora alcanzó de nuevo El Seis. Con suerte, Jesús debía completar dos corridas más. Un mensajero lo aborda para darle una noticia inesperada: Necesitan suplementos en la mina. Jesús dejó 50 de sus góndolas en El Seis y descendió a la mina. Como le explicaría el Sr. Elizondo, cuatro toneladas de dinamita, de la más poderosa, serían llevadas al almacén de explosivos para colocarse en dos furgones.

Mientras cargaban el tren fue a su casa, Jesús encontró a su madre más alterada que antes: – He pensado que ya no volveré a verte jamás, dijo doña Rosa a Jesús. Ahorita los gallos están cantando y es mediodía.

Tiempo: 2:00 PM. En el nivel más bajo de la mina, el cargamento había sido completado. En espera de su locomotora, Jesús estaba apaciblemente molesto al descubrir que los trabajadores habían dejado disminuir el fuego, lo cual había ocasionado una perdida de presión del vapor. Ello provocó la distracción de los ingenieros en otro error aún más serio: los trabajadores colocaron la dinamita en los dos primeros carros, enseguida del motor de combustión.

Luego, tan lento como fue posible, Jesús dio reversa al vehículo y lo colocó fuera de la mina; el viento del norte empezaba a jugar con los remolinos del humo y del vapor. Librada del freno, la locomotora trabajaba en contra del viento; las chispas vivas, emanadas del contenedor, volaron sobre el motor y la cabina, llegando incluso hasta los dos primeros furgones, cargados con cajas de dinamita.

Fue un obrero anónimo, quien fuertemente le gritara a Jesús: “Oye, mira ahí, humo en el polvo” Francisco Rendón, frenero encargado de dirigir los rieles a Pilares, le gritaba desesperado que tratara de extinguir el fuego. “¡Frena el tren!” le gritaba Francisco con la idea de apagar el fuego, pero a esa altura del trayecto no había agua. Incrementado por el viento que el movimiento del tren producía, el fuego se expandió.

Entonces Jesús tomó la decisión: avanzaría con el tren hacia campo abierto, donde la explosión no matara gente: aumentó la velocidad, les gritó a sus compañeros que saltaran del convoy. Se quedó solo.

“¡Váyanse!, déjenme solo yo estoy corriendo mi suerte.” Dijo también, “¡pídanle al Padre una misa por mí! Me voy a mi muerte.” José Romero, el frenero, le decía: “déjame el tren Jesús, tú tienes familia, yo no tengo nada”. Pero Jesús insistió: “No. Yo soy el ingeniero, sálvate tú”.

Obedeciendo las órdenes de Jesús, José Romero saltó del tren y rodó hacia la maleza. Milagrosamente había alrededor una loma en donde se refugió. Cien metros más adelante el tren divisaba El Seis en un área despejada. John Chilshom de 15 años de edad, estaba parado a los lados de los rieles junto con otros cuatro trabajadores, esperando ir a Pilares.

Jesús y su locomotora subieron a través del escarpado. Necesitaban avanzar otros cincuenta metros para llegar un terreno plano en donde Jesús pudiera así luchar por su vida. Opuesto a este terreno plano, justo a veinte metros, se observaban ocho casas improvisadas de trabajadores manuales a los que Jesús gritaba palabras que no podían entender por el sonido del vapor y del silbato del tren.

Tiempo: 2:20 PM. Tan enorme fue la explosión que la locomotora desapareció completamente. Jesús murió al instante, lanzado por el frente de su cabina. Un estruendo como temblor sacudió Nacozari y con la onda de expansión, oída a diez millas del pueblo, fue posible observar a lo lejos, la nube de humo y los destellos metálicos que producían los materiales y las rocas en el aire, mismos que caerían sobre los techos de Nacozari. Se dice que la onda expansiva de la explosión cimbró a Nacozari entero; los cristales de las ventanas se quebraron, las casas se sacudieron como en un temblor de tierra. La locomotora quedó destrozada y Jesús murió en el acto. Con él, trece personas más, habitantes de El Seis, perdieron la vida. Pero Nacozari y con él toda su población, se había salvado.

Por la tarde, el cielo oscuro y las pesadas nubes limpiaron las llamas de lo que fue el catastrófico accidente y lavaron de esa forma el pueblo que fuera salvado por Jesús García. En el hospital, los doctores trabajaron toda la noche con los heridos; José Romero, por la intensidad del sonido fue afectado mentalmente, oyendo la tempestad y los relámpagos repetía: – En esta noche hasta el cielo llora.

UN HÉROE CIVIL. Muy pronto se empezó a hablar del Héroe de Nacozari en el México de fines del porfiriato. En 1909, Nacozari cambió su nombre por decisión del Congreso del estado de Sonora, y desde entonces se llama Nacozari de García. En 1912, el pueblo dejó de pertenecer al municipio de Cumpas y se convirtió en cabecera de un nuevo municipio: Nacozari de García.

En su honor se levantó un monumento y la población se llama ahora Nacozari de García; fue declarado Héroe de la Humanidad por la American Royal Cross of Honor de Washington, y se le compuso el famoso corrido «Máquina 501».

En memoria de Jesús García, el 7 de noviembre, año con año se conmemora en nuestro país el Día del Ferrocarrilero. Jesús García Corona no era un militar arrojado ni un político audaz. No conoció los intrincados pasillos del poder, ni experimentó las ambiciones que conocemos de tantos personajes de la historia política mexicana. Simplemente era un buen hombre que, en un momento de crisis tomó la decisión de canjear su vida por la de muchos. Un héroe civil, ni más ni menos.

Crónica, Pacific Times y Vida Alterna

Alejandra Delgadillo
Egresada de la licenciatura de Ciencias de la Comunicación por la UPAEP. Colaboradora en El Sol de Tlaxcala. Reportera de Noticias en Grupo Acir Puebla, donde tenía a mi cargo las fuentes de Salud, Instituciones Asistenciales, Iglesias, Agrarias, Ecología y Empresariales. Participé en el área de prensa de la Delegación del ISSSTE Puebla. Las secciones que escribo son: Vida Sana, Cábalas y Tradiciones, Mamás y Algo Más, Feminismo Hoy, Salud, Economía, Ciudad y Seguridad, en Revista Única. Además, soy colaboradora del programa de radio Cinco Mujeres en Cinco Radio. Coautora del libro “Crónicas de Puebla, 50 años”.

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