Una vez Simone de Beauvoir escribió que “ser libre es querer la libertad de los demás”. En tiempos en los que la libertad parece ser un bien más escaso y peligrado que el petróleo, recordar el trabajo de la filósofa francesa sienta bien.
Hoy recordamos a una de las mujeres más destacadas del siglo XX, porque un nueve de enero pero de 1908 nació en París, Francia, Simone de Beauvoir, escritora, filósofa y profesora defensora de los derechos humanos en general, y de los derechos de la mujer en particular. Su obra El segundo sexo se ha convertido en un clásico y en símbolo del feminismo. Su nombre completo Simone Ernestine Lucie Marie Bertrand de Beauvoir. Su familia materna era de alcurnia y dinero, reconocida principalmente por el trabajo de su abuelo, Gustave Brasseur, presidente del Banco de la Meuse. Georges Bertrand de Beauvoir, el padre de Simone y Hélène, fue un tiempo abogado pero dedicaba la mayor parte de su energía a la actuación, su pasión.

La familia Beauvoir vivía, hasta después de la Primera Guerra Mundial, en una enorme casona en el parisino Boulevard Raspail. Tras la guerra, el abuelo declaró la bancarrota del banco y de la familia. La madre, Françoise Brasseur, cayó en un estado de vergüenza que la acomplejó el resto de su vida, pues el dote que su padre había prometido, y del cual Georges Bertrand de Beauvoir dependía para mantener sus lujos, había desaparecido. Su familia era profundamente religiosa y tanto ella como su hermana pequeña, Hèléne, estudiaron en colegios católicos. Durante sus años escolares Simone de Beauvoir destacó académicamente, siempre con los promedios más altos de la clase.

En su adolescencia se declaró atea, en contra de los sentimientos religiosos de su familia. Creía que la religión era una manera de dominar al ser humano. Su padre nunca le ocultó su deseo de haber tenido un hijo varón. Este hecho y el deterioro del matrimonio de sus padres hicieron que su pensamiento feminista despertara.Con 15 años, Simone ya tenía claro a lo que quería dedicarse: escribir. Tras terminar bachillerato en 1925, se licenció en Letras con especialización en Filosofía en 1929. Pronto se convertiría en una de las máximas representantes del existencialismo.Un año antes de terminar sus estudios universitarios, conoció al también filósofo Jean Paul Sartre. Desde entonces, se convirtió en su compañero de vida.

Simone comenzó los estudios superiores en el Instituto Católico de París –una reconocida institución para mujeres de clase privilegiada– donde se dedicaba principalmente a estudios matemáticos y de administración. Sin embargo, desde los 15 años de Beauvoir supo que quería ser escritora, así que complementaba su educación en el Instituto Sainte-Marie de Neuilly, donde indagaba en la formación literaria. “Tienes cerebro de hombre”, le decía Georges a Simone, como un halago que siempre debió ser un insulto. En sus memorias remarcó que esta frase, repetida continuamente por su padre, definió el rumbo de sus ideas, dejándola frente al cuestionamiento de cómo se deviene mujer, que tanto –supuestamente– afecta al cerebro.

En 1926, después de haber obtenido certificados de matemáticas generales, literatura y latín, comenzó a estudiar filosofía. En 1929 tenía licenciatura en filosofía con certificaciones en ética y psicología, titulada con una tesina sobre Leibniz, reconocido como el “último genio universal”. De Beauvoir es reconocida actualmente como una de las grandes fundadoras del feminismo. Sin embargo, su travesía no fue del todo adrede. “Soñaba con consagrar sus días a la vida intelectual, devino feminista en el proceso de su redacción”, relató la activista y escritora española María Ángeles Cabré.
Carmen G. de la Cueva, escritora que en el 2018 publicó la biografía Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir, dijo que la filósofa francesa “fue una mujer capaz de concentrar toda su energía en no deberle nada a nadie más que a sí misma, fijarse unas normas y fines propios y rechazar las convenciones naturales de la mujer: el matrimonio, los hijos, la vida que se espera de nosotras”. El resultado de esa concentración es la rebeldía, la revolución de los sexos, el origen de los gender studies –título con el que nacieron los estudios de género en Estados Unidos como rama de la sociología– y escritos feministas que se publicaron por primera vez.

El segundo sexo, publicado en 1949, vendió 20,000 ejemplares en una semana. La respuesta internacional, por supuesto, fue enormemente negativa, pero Simone de Beauvoir no dejó de recibir cartas de mujeres que agradecían y reflexionaban con ella la idea de que “no se nace mujer, se llega a serlo”. Ahora, de este mismo libro, se han contabilizado, sólo en francés, 1,200,000 ejemplares vendidos. De Beauvoir es percibida y mostrada como una erudita, como sabia filósofa, existencialista, elevada de la realidad. Pero sus textos son al mismo tiempo carne en fango, palpablemente humanos y están plagados de reflexiones cotidianas. Con una intensidad que sigue siendo necesaria, habla de poligamia, de aborto, de roles de género; de amor, de sexo, de celos, de admiración y de soledad.
Además de ése, El segundo sexo, De Beauvoir publicó siete ensayos más, siete novelas y nueve textos sobre sus memorias. Hizo también una obra de teatro titulada Las bocas inútiles y fundó, junto con Jean-Paul Sartre y otros eruditos, la revista Tiempos Modernos. Sartre y de Beauvoir se conocieron en 1924; ella 21, él 24. En entrevistas, memorias y otros textos, la polémica pareja fue descrita como un “amor necesario”. Él era ególatra, con complejo de inferioridad disfrazado y una intelectualidad sobresaliente, un niño consentido que sólo se distanció de la burguesía porque se percató de la falsedad intrínseca en el círculo. Ella era una personalidad solitaria, igualmente brillante, estudiosa y con un ferviente deseo de libertad.

En 1931, Simone de Beauvoir se trasladó a Marsella para ejercer de profesora titular. Sartre tuvo plaza en Le Havre ese mismo año, por lo que tuvieron que estar separados. La única opción para que tuvieran el mismo destino pasaba por contraer matrimonio, pero Simone se negó. Durante estos años, dio clases en diferentes lugares. Poco antes del estallido de la II Guerra Mundial, de Beauvoir y Sartre fueron destinados a París. En 1937, terminó su primera novela: Primaldad de lo espiritual. Fue rechazada por dos editoriales, y no fue publicada hasta 1979 con el título Cuando predomina lo espiritual.
Para 1941, la madre de una de sus alumnas la denunció por haber tenido una relación con ella. Como consecuencia, en 1943, de Beauvoir perdió su trabajo como profesora en La Sorbona. En estos años, Sartre y ella fueron acusados de no luchar contra el nazismo ni la ocupación alemana. A pesar de ser cuestionada por su actitud en la II Guerra Mundial, Simone recuperó su trabajo en la universidad y colaboró en Radio Vichy, la radio libre francesa. Después de la II Guerra Mundial, continuó escribiendo diferentes artículos y ensayos en los que se reafirmaba en sus creencias: ateísmo, comunismo y existencialismo. Además, junto a Sartre y otros intelectuales de la época fundó la revista Les Temps Modernes.

Su consagración como escritora llegó en 1949 con la llegada de El segundo sexo. Considerada como una lectura imprescindible en el movimiento feminista, donde criticó la opresión a la que se veía sometida la mujer por parte del hombre. No exenta de polémica, en este ensayo reflexionó sobre la figura de la mujer y sirvió para que de Beauvoir se convirtiera en la precursora del feminismo. A pesar del éxito y de la popularidad que alcanzó esta obra, fue con Los Mandarines, de 1954, cuando se ganó las alabanzas de la crítica. Con esta novela consiguió el Premio Goncourt. A esta novela le siguieron más escritos en los que Simone de Beauvoir reflexionaba sobre cuestiones puramente existencialistas: el comportamiento de la sociedad, las relaciones, el dolor…
Los últimos años de su vida los pasó escribiendo. En 1970, reflexionó en La vejez sobre el papel que la sociedad daba a los ancianos. En ese ensayo criticó la situación de marginalidad que podían llegar a vivir. En 1980, Jean-Paul Sartre murió. Un año después, Simone de Beauvoir publicó La ceremonia del adiós. Polémico para muchos, en este ensayo relató los últimos años de vida del que fue su compañero de viaje. Esta obra termina con la frase “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos reunirá. Así es; ya es demasiado bello que nuestras vidas hayan podido juntarse durante tanto tiempo”. Adelantada a su tiempo, Simone de Beauvoir murió el 14 de abril de 1986 a los 78 años,en París por una neumonía. Sus restos hoy descansan al lado de los de Sartre, en el cementerio de Montparnasse.

El filósofo Manuel Cruz explica su relación como paradigma de libertad y modelo de ruptura con las formas de vida burguesas tradicionales. “Se trataron de usted durante más de 50 años, nunca vivieron juntos, se negaron a contraer matrimonio y tener hijos, y es conocida la liberalidad con la que ambos aceptaban que el otro miembro de la pareja mantuviera relaciones con terceras personas.” El suyo era necesario, los otros eran “amores contingentes”. Pasaron toda su vida juntos, hasta que Sartre murió en 1981.
Son muchos los ideales que Beauvoir ha dejado como legado a la sociedad. Firme defensora de los derechos de la mujer, sus reflexiones han servido como cimientos en los que construir el movimiento feminista. Publicada hace más de 60 años, El segundo sexo sigue siendo una lectura imprescindible para la lucha de los derechos de la mujer. Una de las frases que ha pasado a la posteridad de la filósofa francesa ha sido “No se nace mujer, se llega a serlo”.
Su obra y pensamiento siguen siendo materia de estudio y han sentado las bases de las políticas igualdad. Tanto es así, que en 2008 se creó el Premio Simone de Beauvoir por la Libertad de las Mujeres. Criticada por muchos en su época por su manera de vivir, su concepción del matrimonio y su relación de poliamor con Sartre, a Simone de Beauvoir se le considera el paradigma de mujer libre.

Como homenaje a su aporte es que en el año 2008 se crea el Premio Simone de Beauvoir que se entrega a aquellas mujeres que se han destacado por promover la libertad y los derechos de la mujer.Está apoyado por la Universidad Diderot y le entrega un premio de 20 mil euros a la ganadora.En 2013 se le entregó a la activista pakistaní Malala Yousafzai.