¿Y se ha normalizado en Puebla?
La infidelidad siempre ha sido un tema que incomoda, intriga y divide opiniones. México suele aparecer en encuestas internacionales como un país con porcentajes altos de infidelidad, y dentro del país, existe la percepción social de que ciudades grandes y culturalmente diversas—incluida Puebla—presentan más casos, ya sea por dinámicas laborales, vida urbana o cambios generacionales.
Pero más allá de las creencias colectivas, ¿qué dice realmente la ciencia sobre por qué somos infieles? ¿Estamos normalizando esta conducta? ¿Y cómo evitar caer en ella?
Por qué somos infieles: lo que ha encontrado la ciencia
La infidelidad no suele tener una sola causa. Investigaciones en psicología, neurociencia y sociología muestran que se trata de un fenómeno multifactorial.
- Biología y neuroquímica: el cerebro busca novedad
Estudios en neurociencia indican que recibir atención de una persona nueva activa el sistema de recompensa del cerebro, liberando dopamina, la misma sustancia asociada con la emoción, la gratificación inmediata y ciertas adicciones.
Esto no significa que la infidelidad sea inevitable, pero explica por qué algunas personas pueden verse atraídas por lo “nuevo”, especialmente cuando viven estrés o monotonía.
- Satisfacción emocional insuficiente
La mayoría de las investigaciones aseguran que la infidelidad suele ser más emocional que sexual.
Las causas más reportadas son:
• Falta de reconocimiento o validación.
• Sentirse ignorado/a por la pareja.
• Necesidad de atención o afecto.
• Problemas de comunicación.
• Conflictos no resueltos.
En estos casos, la infidelidad se convierte en una especie de “escape emocional”.
- Contexto cultural y social
México tiene factores culturales que influyen:
• La herencia del machismo tradicional.
• La idea histórica de que la infidelidad masculina es “normal”.
• La romantización de la doble vida en medios y comedia.
• Entornos laborales que favorecen convivencia prolongada.
Aunque estos patrones están cambiando, todavía influyen en la percepción social de la infidelidad.
- Oportunidad + secreto = riesgo elevado
Estudios de psicología social muestran que la oportunidad es uno de los detonantes principales.
Ambientes como:
• Redes sociales.
• Trabajo.
• Viajes.
• Chats privados.
• Fiestas o reuniones.
Aumentan la posibilidad de un vínculo que inicia inocente… y después cruza límites.
- Experiencias previas y modelos familiares
Haber crecido en hogares donde existió infidelidad aumenta la probabilidad de repetir patrones, según investigaciones en terapia familiar. No está determinado por la genética, sino por modelos aprendidos de resolución (o evasión) de conflictos.
¿Se ha normalizado la infidelidad? ¿Qué pasa en Puebla?
En México, encuestas como las de consultoras nacionales suelen revelar una tolerancia mayor a la infidelidad comparada con otros países. Redes sociales y dinámicas modernas también facilitan el contacto con terceros.
En Puebla, la percepción de que “hay mucha infidelidad” surge de:
• Mayor urbanización.
• Mayor uso de apps de citas.
• Vida nocturna y laboral extensa.
• Normalización social a través de humor, memes y contenidos virales.
La clave es distinguir: percepción no es igual a estadística, pero sí muestra que el tema está presente en la conversación pública.
Lo preocupante es que, al normalizarse el discurso, también se desensibiliza el daño emocional que causa: ansiedad, pérdida de autoconfianza, rupturas familiares y estrés crónico.
Cómo evitar caer en la infidelidad: estrategias basadas en evidencia
Si bien la infidelidad no es inevitable, la ciencia ha identificado conductas protectoras.
- Comunicación emocional constante
Las parejas que hablan con honestidad sobre sus necesidades, miedos y frustraciones tienen un riesgo mucho menor de infidelidad.
No basta con convivir; hay que comunicarse.
- Cerrar “ventanas de riesgo”
No significa prohibir o controlar, sino establecer límites sanos:
• Qué mensajes se consideran inapropiados.
• Cómo manejar la cercanía con colegas o amistades.
• Qué conductas cruzan una línea emocional.
Las parejas que acuerdan límites claros sienten mayor seguridad.
- Cuidar la conexión sexual
La intimidad sexual no solo es física: es emocional.
Programar momentos de calidad, hablar de gustos y romper rutinas ayuda a reducir la tentación de buscar novedad fuera.
- Atender problemas de la relación sin posponerlos
Las parejas que dejan que los conflictos se acumulen tienen más riesgo.
Buscar terapia temprana puede prevenir rupturas y resentimientos.
- Autoconocimiento y responsabilidad personal
Saber por qué te sientes tentado, por qué buscas validación o qué vacíos intentas compensar, es esencial.
La fidelidad también es un acto de autocuidado.
- Mantener una vida individual rica
Curiosamente, quienes tienen pasiones propias, amistades sanas y un proyecto personal claro son más fieles:
Cuando la vida está llena, no se busca llenar vacíos externos.
¿Se puede ser fiel en una cultura que normaliza la infidelidad?
Sí.
La fidelidad no es un milagro ni una suerte: es una decisión diaria, sostenida por hábitos, responsabilidad emocional y trabajo mutuo.
La ciencia nos muestra que la infidelidad surge cuando se combinan carencias internas, conflictos de pareja, oportunidad y entorno. No es “inevitable” ni “natural”; es prevenible, si se trabaja conscientemente.
Lo contrario de la infidelidad no es la vigilancia:
Es la conexión emocional.
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