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El nuevo negocio es no desperdiciar

La sostenibilidad empresarial ya no es solo reputación: reducir desperdicios permite disminuir costos de materias primas, energía, agua y logística.

Durante años, hablar de sostenibilidad dentro de una empresa podía reducirse a una buena práctica, una campaña de responsabilidad social o una acción favorable para la reputación corporativa. Esa conversación está cambiando.

Hoy, desperdiciar también cuesta.

Cuesta la materia prima que se desecha, la energía utilizada para transformarla, el agua necesaria para producir, la logística para transportarla y, finalmente, el dinero destinado a manejar aquello que dejamos de utilizar.

Por eso la economía circular está dejando de ser únicamente una conversación ambiental para convertirse en una decisión empresarial.

El desafío es enorme. De acuerdo con el Banco Mundial, en 2022 se generaron en el mundo 2,560 millones de toneladas de residuos sólidos municipales y, de mantenerse las tendencias actuales, podrían alcanzar los 3,860 millones en 2050.

A ello se suma otra presión: el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que la extracción mundial de recursos naturales se triplicó durante las últimas cinco décadas.

¿Podemos seguir creciendo económicamente bajo una lógica basada solamente en extraer, producir, consumir y desechar?

La economía circular plantea una respuesta distinta: mantener el valor de los recursos durante el mayor tiempo posible. Reparar antes de sustituir.

Reutilizar antes de desechar. Recuperar materiales. Rediseñar procesos. Reincorporar residuos como insumos y encontrar valor donde antes solamente veíamos desperdicio.

Para las empresas esto representa mucho más que reciclar.

Significa revisar procesos productivos, costos y cadenas de suministro. Significa preguntarnos si podemos producir lo mismo utilizando menos recursos, prolongar la vida de nuestros productos o transformar aquello que hoy representa un costo en una nueva oportunidad de negocio.

México acaba de colocar esta discusión en un nuevo escenario. El 19 de enero de 2026 se publicó la Ley General de Economía Circular, que establece un marco para avanzar hacia modelos de producción y consumo que prolonguen la vida útil de los productos y favorezcan la recuperación y valorización de los residuos.

La legislación importa, pero la transformación no ocurrirá únicamente por decreto.

También tendrá que suceder dentro de las empresas.

Ahí está, quizá, una de las mayores oportunidades: dejar de entender la sostenibilidad como un gasto adicional y comenzar a verla como una estrategia de eficiencia, innovación y competitividad.

Las empresas que aprendan a utilizar mejor sus recursos no solamente estarán respondiendo a una nueva realidad ambiental. Estarán construyendo ventajas económicas.

Porque el futuro de los negocios no consiste exclusivamente en vender más o producir más. También consiste en generar más valor con menos desperdicio.

Y en una economía donde cada recurso tiene un costo, aprender a no desperdiciar puede convertirse en uno de los mejores negocios.

“Cuando las mujeres lideran, ganamos todos”

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