¿Se puede ser totalmente indiferente a los estímulos sexuales?
A pesar de que este tema no se ha estudiado mucho, existe un pequeño sector de población que presenta una condición congénita que la lleva, -a partir de la pubertad-, a ser indiferente a los estímulos sexuales. Estas personas poseen un umbral fisiológico y psíquico muy bajo de receptividad sexual que simplemente las hace inmunes a cualquier tipo de estimulación sexual. Al llegar a la pubertad, estas personas no viven su «despertar sexual» a la manera «usual»; su mente no les ayuda a erotizar su cuerpo y sus órganos sexuales adultos manteniendo una receptividad sexual «neutra». Sus experiencias sexuales circunstanciales, si es que las tienen, carecen del atractivo convencional y son evitadas. La mayoría de las veces, la progresiva consciencia de su diferencia con jóvenes de su edad es sobrellevada en silencio sin necesidad de revelar su condición a amigos y amigas, evitando solamente involucrarse en actividades sexuales con pretextos creíbles varios. Poco a poco esa condición es asimilada a su forma de ser y en muchos casos se convierte en una fortaleza de su personalidad, en vez de una debilidad ¿una fortaleza?.
El cultivo sistemático, profundo y orientado a lograr la indiferencia a los estímulos sexuales ha sido practicado a lo largo de todos los tiempos por hombres y mujeres con el objetivo de lograr un pleno control de sí mismos. Esa creencia propone renunciar a los deseos sexuales para dejar de ser «dependiente» de ellos y así lograr ser inmune ante cualquier estímulo sexual que nuble la mente y comprometa su voluntad y sus decisiones. Los motivos que llevan a estas personas a utilizar su fuente sexual interna para otros propósitos, generalmente están relacionados con temas rituales o religiosos, militares, espirituales, de sublimación psicológica, de independencia personal, de poder, etc., etc. Esta filosofía enseña que el poder personal verdadero no viene de la satisfacción animal de las necesidades sexuales sino de su control. En estos casos y sin ser equivalente con la «virtud» griega o la «continencia» religiosa, el poder individual residiría en haberse despojado del deseo sexual. Por este camino, mujeres y hombres se vuelven verdaderamente libres y el resultado de haber renunciado a una parte de sí, es compensado ampliamente por una ganancia mucho mayor.
En general, ese tipo de personas afirman que al no responder a estímulos sexuales de ningún tipo se sienten más tranquilas al mismo tiempo que pueden disfrutar de la compañía y el afecto masculino o femenino sin interferencias sexuales; su actitud hacia la intimidad física es de indiferencia. Sus amigos, amigas o parejas aprenden a respetar sus límites sin problema. Sin embargo, estas personas son difíciles de identificar porque su condición no requiere ser mostrada ni requieren de ningún tipo de tratamiento, simplemente han adoptado esa condición congénita o aprendida, como una forma de ser y de vivir.
Es necesario agregar que la indiferencia sexual se utiliza de forma voluntaria o, aparece involuntariamente como un síntoma en algún miembro de la pareja cuando su relación se ha vuelto complicada y las opciones para solucionar las cosas han salido fuera de su control. En esos casos, este poderoso recurso puede funcionar como una defensa ante una situación insostenible utilizando la «estrategia del vencido» cuya expresión podría ser: «no ves que no está en mis manos, no puedo», con el propósito de evitar las consecuencias de enfrentar los motivos subyacentes de la situación («ya no me atraes», «quiero vengarme por lo que me has hecho», etc.). Frecuentemente también se utiliza como una estrategia de control cuando existe una lucha de poder en la pareja.
Mtro. Alfonso Aguirre Sandoval













