Los auriculares son dispositivos muy versátiles que permiten llevar nuestra música favorita allá donde vamos y escuchar de forma privada sin molestar a familiares y vecinos. Sin embargo, su capacidad para mostrar un escenario sonoro realista es limitada si lo comparamos con un sistema clásico de altavoces estéreo o multicanal, ¿por qué?
Las razones son varias e intrínsecas a la propia naturaleza «aislada» de los auriculares en comparación con la utilización de unos altavoces convencionales integrados en un entorno de audición real. No importa el precio ni que nos compremos los cascos más avanzados del mercado.
Si alguna vez has intentado hacer la prueba de escuchar el mismo tema musical o de cine en unos auriculares y luego en un par de altavoces estéreo (a ser posible ambos conjuntos de una gama equivalente para comparar mejor) tal vez te hayas percatado de que mientras que con los altavoces la escena sonora es más o menos convincente con los auriculares parece que falta algo, que nos estamos perdiendo una parte de la «magia» aunque no sepamos muy bien el qué.
Es decir, con los altavoces y si pertenecen a un equipo de cierta calidad podemos tener la impresión de estar ante los músicos en una sala de conciertos o ante un escenario con tamaños y proporciones diferentes dependiendo de la grabación, algo que es difícil de lograr con un auricular incluso de gama alta.

Dos canales mono aislados
Puede parecer extraño este titular de «dos canales mono aislados», pero realmente lo que tenemos en unos auriculares convencionales (luego veremos que hay intentos por variar esto) son dos canales mono, uno reproducido por el pabellón izquierdo y otro por el derecho. Cuando ambos canales reproducen el mismo sonido entonces nos da la sensación de que la fuente de emisión está en el centro, y si no, tenemos el audio procedente de la izquierda o de la derecha.
Seguro que me diréis que esto sucede igual en los altavoces. Sí, en su origen. Es decir, cada altavoz emite un canal mono izquierdo o derecho, pero desde el justo momento de la emisión los dos canales se mezclan en el aire y llegan a nosotros unidos ayudándose de las reflexiones en la sala de audición (que a su vez generan una mayor sensación de espacialidad). Este sonido «mezclado» llega a los dos oídos con su desfase temporal correspondiente y variaciones en el volumen, pero «golpea» el cuerpo del espectador que percibe por el oído derecho lo que le llega también del altavoz izquierdo y viceversa.
Si tratamos de escuchar con unos auriculares música, cine o efectos procedentes de uno solo de los canales, notaremos como que en el otro oído nos falta algo. Hay algo extraño que indica que no es un sonido real, que de algún modo es artificial y rápidamente pierde realismo y coherencia escénica. En los siguientes vídeos tenéis un claro ejemplo de lo que estamos hablando. Si escuchamos el test de canales con un auricular notaremos que algo falla, sensación que con unos altavoces no percibiremos.
Escuchas con todo el cuerpo, no solo con los oídos
Otra de las grandes diferencias entre altavoces y auriculares y el motivo de esta menor sensación de realismo la encontramos en la naturaleza misma de los cascos, ya sean intraurales o supraurales, que enfocan la emisión del sonido únicamente a los oídos (o como mucho también a los huesos del cráneo en lo que se conoce como conducción ósea), principal órgano receptor de las ondas sonoras, pero no el único que usamos para percibir sensaciones auditivas.
Nuestro cuerpo entero es un gran captador de ondas sonoras de baja frecuencia y cuando estamos tratando con señales por debajo de 40-50 Hz percibimos la «pegada» del sonido en todo el organismo y no solo a través del canal auditivo, característica que es bien conocida en el cine para crear atmósferas de misterio o picos de tensión en los momentos de más acción.
De ahí que cuando se trata de grabaciones con instrumentos capaces de bajar de esas frecuencias como órganos de iglesia, bajos y guitarras eléctricas, bombos, cajas, timbales y percusión en general, sintetizadores o de efectos especiales como disparos, explosiones o truenos, el sonido emitido por un altavoz capaz de reproducirlas nos parecerá siempre más real y con un origen más definido que el que nos puede ofrecer un auricular.














