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Prudencia en Banco de México frente a escenario económico

El pasado 26 de junio, la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) aprobó por mayoría una nueva caída de 50 puntos base en la tasa de referencia, llevándola a 8%, marcando así el octavo recorte consecutivo y el cuarto de medio punto porcentual en lo que va de año. Sin embargo, las minutas difundidas el 10 de julio revelan que este ajuste podría ser el último de esta magnitud, dando paso a una fase de reducción más gradual.

La inflación general se ubicó en 4.32% en junio (por debajo de la meta), aunque ligeramente por debajo del 4.42% de mayo, y la inflación subyacente alcanzó un nivel histórico de 4.24%, evidenciando que el avance en los servicios sigue siendo un desafío.

El peso mexicano se valoró frente al dólar tras la publicación de la minuta, cotizándose cerca de 18.62 MXN/USD, un fortalecimiento modesto que reflejó la expectativa de recortes menos agresivos.

Las minutas destacan que la economía mexicana enfrenta señales de flaca reactivación, con crecimiento apenas positivo (+0.2% en el primer trimestre) o incluso una ligera contracción en trimestres recientes. Esta holgura en la actividad económica representa un argumento clave para continuar con recortes, pero ahora con una mirada prudente.

Asimismo, factores externos —como la volatilidad cambiaria, incertidumbres en la relación con EE. UU., y posibles aranceles adicionales— también influyen en la calibración monetaria.

De cara al resto del año, los analistas anticipan que Banxico seguirá reduciendo su tasa, aunque en pasos de 25 puntos base, en lugar de medios puntos. La última encuesta consultada ubica el tipo de interés en 7.5 % hacia diciembre, lo cual coincide con el consenso en el directorio. Para la reunión del 7 de agosto, se espera un recorte de 25 puntos base, en línea con la nueva estrategia de recortes moderados.

Así, al parecer el ciclo de reducción de Banxico ha transitado de una fase acelerada a una más pausada y cautelosa, con la mira en no comprometer la credibilidad ante presiones inflacionarias persistentes; apoyar una recuperación económica que, aunque débil, sigue siendo sensible a estímulos monetarios, así como ajustar la postura conforme a la evolución de la inflación y el entorno externo.

Si la inflación comienza a retroceder consistentemente hacia el rango meta, el Banco de México podría considerar nuevos recortes en septiembre y noviembre, pero siempre con pasos más pequeños y evaluando factores clave como la evolución cambiaria, las condiciones externas y la demanda interna.

La decisión del 26 de junio marca el cierre de una fase intensa de recortes en Banxico, y el documento del 10 de julio sirve como guía para la estrategia monetaria: menor agresividad, pero persistencia. La señal es clara: ajustes, sí, pero con mesura, hasta lograr una convergencia ordenada hacia el objetivo de inflación sin descuidar la salud económica.

Mi correo ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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