La inclusión de la mujer en la economía

Mujer de negocios

La expresión «el dinero ya no alcanza como antes» tiene la misma edad que las crisis que se viven en México, sin embargo, las «mujeres de casa» han sabido sacar adelante el gasto familiar. Por ello es de reconocer el papel preponderante que tiene la participación de la mujer en la economía, de cómo hacer algo diferente de una idea o un proyecto.

Evolución de la mujer

En la mayoría de los países de América Latina, las mujeres constituyen una porción importante del grupo con menores ingresos. Una de cada tres latinoamericanas aún no tiene ingresos. No es de sorprenderse que el emprendimiento femenino sea una evolución natural en el papel de la mujer en la fuerza laboral de nuestra sociedad. Éste ha sido un fenómeno presente en la sociedad mexicana desde siempre: las mexicanas son, por definición, emprendedoras y “luchonas” para incrementar el ingreso familiar por eso no es extraño encontrar mujeres que hagan de su habilidad hogareña una herramienta de generación de valor.

En este reto por superarse y ayudar a su familia es que la visión de generar un ingreso extra viene a la mente de muchas mujeres pero una diferencia que puede determinar su éxito o fracaso además de la capacitación e información es tener claro lo que se quiere: el autoempleo, es hacerse de recursos extras para afrontar la crisis financiera de cada hogar; visión que se contrapone o se queda corta con la de una emprendedora que persigue el ideal de consolidar su producto o servicio en el competitivo mundo de la oferta y demanda.

Los retos de la inclusión

Aseguran que empezar un nuevo negocio es la parte fácil, pero el crecimiento exitoso de la misma es el desafío. Son varias las iniciativas que buscan asistir a las mujeres con herramientas de asesoría para superar obstáculos.

Nos queda claro que es en ese primer momento de la idea donde las emprendedoras se encuentran con los mayores problemas. Desafortunadamente la mayoría de proyectos fallan porque en el momento de bajar la idea a un momento real y hacer su primer producto básico les faltan herramientas, información y capacitación.

En las últimas décadas ha aumentado el interés de los gobiernos en el emprendedurismo y el desarrollo de pequeños negocios, como soluciones potenciales al debilitado crecimiento económico y al desempleo. La inclusión de la mujer en el desarrollo de nuevos proyectos es una tendencia creciente que se debe alentar y participar. Un dato sorprendente es que las mujeres latinoamericanas, en especial las mayores de 55 años, inician estos emprendimientos para subsistir, por la falta de seguridad social y las pocas oportunidades para emplearse.

Este emprendedurismo local que ha tenido auge, lamentablemente se enfrenta aún con una faceta que por idiosincrasia se le ha adjudicado a la mujer y es la responsabilidad y cuidado de los niños, adultos mayores, la cocina, las tareas y quehaceres.

En esta idea en donde los sesgos culturales de género están muy arraigados acerca de la división sexual del trabajo en el hogar hace que se tenga poca libertad y por ende menos empoderamiento.

Un tema que las generaciones de hoy deben de atender y cambiar el paradigma del rol de la mujer.