domingo, junio 23, 2024
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El beato Paulo VI, el primer Papa en visitar los 5 continentes

Fue arzobispo de Milano y por su cercanía a la clase trabajadora se le conocía como “Arzobispo de los trabajadores”

Un 26 de setiembre de 1897 nace en Concesio, Lombardía en Italia, Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, un niño frágil pero inteligente perteneciente a una familia adinerada, a quien más tarde el mundo conocería como el Papa Pablo VI, el Papa peregrino.Sufrió intensamente los años difíciles que vivía Italia después de la Primera Guerra Mundial. La juventud y la sociedad soportaban el calvario producido a causa de las disputas y luchas entre socialistas, laicistas y fascistas. La dictadura de Mussolini le llevó a grandes dolores, sobre todo al ver cómo la Iglesia era sometida a presiones e injusticias de todo tipo.

Giovanni desde pequeño estudió con los jesuítas cerca a su casa en Brescia y en 1916 ingresó al seminario, pero vivía con permiso de sus superiores en su casa ya que su salud era delicada. Recibió la llamada al sacerdocio y dio su sí generoso. Dios permitió que su camino estuviese marcado por una salud enfermiza, pero ello no le impidió llegar a recibir la ordenación sacerdotal el 29 de mayo de 1920 a la edad de 22 años y enviado a Roma para que estudie en las Universidades de Roma y la Gregoriana.

A los dos años de llegar a la ciudad eterna, ingresó a la Academia Pontificia Eclesiástica para prepararse en la Diplomacia sin dejar sus estudios de Derecho canónico en la Universidad Gregoriana.  Al año siguiente se convierte en adjunto de la Nunciatura de Warsaw en Polonia, pero debido al clima invernal del país que afectaba su salud, es mandado nuevamente a Roma al año de haber llegado al país polaco, es decir, en 1924. En Roma fue asignado a la oficina de la Secretaría de Estado, en donde permaneció por 30 años, donde pudo colaborar con el Papa Pío XI en diversos encargos. También trabajo durante el pontificado de Pío XII.

Fue además nombrado Capellán de la Federación de los Estudiantes de la Universidad Católica Italiana y enseñó en la Academia Pontificia Eclesiástica. El entonces Padre Montini, durante la Segunda Guerra Mundial era responsable de organizar la atención y el socorro a los refugiados políticos. Además fue nombrado por el Papa pro-secretario de Estado. Posteriormente el 1 de noviembre de 1954 a la edad de 57 años, fue nombrado Arzobispo de Milano siendo ordenado Obispo el 12 de diciembre del mismo año, cargo que desempeño durante 10 años; el 15 de diciembre de 1958, San Juan XXIII lo nombró Cardenalen el año de 1963.

Además, participó activamente, y a veces de modo decisivo, en las discusiones del Concilio Vaticano II. Durante el tiempo que estuvo designado en Milano, su apostolado se distinguió por estar cercano a la clase trabajadora, siendo incluso llamado el “Arzobispo de los trabajadores”, de esta manera dio un nuevo impulso a la diócesis predicando el mensaje social del Evangelio. Además, promovió la educación católica y ayudó a la prensa católica. Su labor pastoral era tan conocida que llamó la atención del mundo entero.

Tras la muerte de Juan XXIII, Montini fue al cónclave, y ya no pudo regresar a su amada diócesis de Milán: el 21 de junio de 1963 había sido elegido Papa. Tomó como nombre el de Pablo VI. Y como Pablo empezó una tradición que era también una aventura: los viajes internacionales para predicar el Evangelio. Pontífice de la Iglesia Católica tomando el nombre de Pablo VI, diciendo al mundo que continuaría con la labor de su predecesor.

Los años de su pontificado no fueron sencillos, ya que existía conflicto entre la primacía del Papa y el Colegio Episcopal, de la misma manera a pesar de los diferentes acontecimientos con temas controversiales siempre defendió el “depósito de la fe”. Pablo VI estableció el 14 de setiembre de 1965 el Sínodo de Obispos y de los Padres Conciliares y algunos de los temas para discutir en las reuniones fueron reservados para él.El 24 de junio de 1967 trató el tema del celibato en una encíclica y el 24 de julio de 1968 escribió en su última encíclica, Humanae Vitae, sobre la regulación de la natalidad. Ambos fueron temas controversiales durante su pontificado.

A Pablo VI se le recuerda como un hombre brillante y profundamente espiritual, humilde, reservado y gentil, un hombre de “infinita cortesía”. Ha sido el primer Papa en visitar los cinco continentes. Su destacado pensamiento se ve reflejado en sus mensajes, cartas, discursos pronunciados entre otros. Es además recordado por fomentar los diálogos ecuménicos. En la historia de la Iglesia ha dejado huella con tantas acciones, como su exitosa conclusión del Concilio Vaticano II, así como su rigurosa reforma de la Curia Romana, el discurso ante la Organización de las Naciones Unidas en 1965.

Europa, Asia, África, América, Oceanía, pudieron ver al Pontífice más de cerca, y escuchar de sus labios una confesión de amor a Jesucristo continua y ardiente. La tradición y la aventura se hicieron una praxis “normal” con Juan Pablo II, y siguen, en la medida en que se lo permite su edad y su salud, con Benedicto XVI. En su viaje a Filipinas en noviembre de 1970, Pablo VI explicó el sentido de sus viajes apostólicos, que coincidía plenamente con el del corazón de San Pablo:

“¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy apóstol y testigo. Cuanto más lejana está la meta, cuanto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia nos apremia el amor. Debo predicar su nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda criatura, y todo se mantiene en él. Él es también el maestro y redentor de los hombres; él nació, murió y resucitó por nosotros”.

Fue especialmente emocionante su viaje a Tierra Santa en enero de 1964, en el que llegó a mezclarse literalmente entre una multitud confusa y fervorosa de cientos de personas que quería estar cerca del Papa. Otro momento clave de su pontificado fue el abrazo fraterno con el patriarca de Constantinopla, Atenágoras I, que ocurrió el 7 de diciembre de 1965 justo un día antes de clausurar el Concilio Vaticano II. El abrazo estaba unido a una declaración conjunta que levantaba las condenas entre católicos y ortodoxos.

En cuanto a sus encíclicas Pablo VI publicó documentos importantes para la vida de la Iglesia. Presentó las líneas generales de su pontificado en su primera encíclica, Ecclesiam suam en 1964, en la que, entre otros temas, explicó el verdadero sentido del diálogo y su necesaria vinculación con la verdad. Habló también del sentido genuino del matrimonio y de los peligros del uso de los anticonceptivos en la encíclica Humanae Vitae en 1968. Defendió la justicia social y el correcto sentido del desarrollo en otra encíclica, Populorum progressio en 1967. Expuso el sentido de la catequesis y de la evangelización en la exhortación postsinodal Evangelii nuntiandi en 1975. Además habló de la devoción a la Virgen María en la exhortación Marialis cultus en 1974. Defendió y refrendó la validez del celibato en la encíclica Sacerdotalis caelibatus en 1967.

En 1978 sufrió en lo más íntimo de su corazón el drama de un amigo personal, Aldo Moro, un importante político italiano que había sido secuestrado por un grupo terrorista de izquierda. Pablo VI imploró en público, con la emoción en la garganta, su liberación. Su súplica no fue acogida, y su amigo fue vilmente asesinado por los terroristas.

En ese año desembocó en el final de su camino terreno. Muchos recuerdan el domingo 6 de agosto de 1978, día en que la iglesia celebra la Transfiguración del Señor, en el que en las noticias hablaban sobre la salud de Pablo VI, hasta que antes de la noche el mundo supo que el Papa había muerto. Posterior a su muerte se conocieron unas líneas de una meditación manuscrita del Papa Montini y que fue publicada sólo un año después de su muerte, en las que expresa su profundo amor a Cristo y a la Iglesia.

“Ruego al Señor que me dé la gracia de hacer de mi muerte próxima don de amor para la Iglesia. Puedo decir que siempre la he amado; fue su amor quien me sacó de mi mezquino y selvático egoísmo y me encaminó a su servicio; y para ella, no para otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiese y que yo tuviese la fuerza de decírselo, como una confidencia del corazón que sólo en el último momento de la vida se tiene el coraje de hacer.”

“Quisiera finalmente abarcarla toda en su historia, en su designio divino, en su destino final, en su compleja, total y unitaria composición, en su consistencia humana e imperfecta, en sus desdichas y sufrimientos, en las debilidades y en las miserias de tantos hijos suyos, en sus aspectos menos simpáticos y en su esfuerzo perenne de fidelidad, de amor, de perfección y de caridad. Cuerpo místico de Cristo.”

“Querría abrazarla, saludarla, amarla, en cada uno de los seres que la componen, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla. También porque no la dejo, no salgo de ella, sino que me uno y me confundo más y mejor con ella: la muerte es un progreso en la comunión de los Santos” (Meditación ante la muerte).

Por toda su labor en la iglesia el 11 de mayo de 1993, en tiempos de San Juan Pablo II, dieron inicio al proceso diocesano de beatificación del Siervo de Dios Pablo VI y el 20 de diciembre de 2012 publicaron el decreto de la Congregación de las causas de los santos, que reconocen sus virtudes heroicas reconocidas por el entonces Papa Benedicto XVI, hoy Sumo Pontífice Emérito. El Papa Francisco aprobó en mayo del 2014 su beatificación y la ceremonia se llevó a cabo el 19 de octubre del mismo año en el Vaticano, y contó con la presencia de Benedicto XVI.

ACIPRENSA y Catholic. Net

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