Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos encontrado en tiempos de dificultad, preocupaciones y enfermedades y la pregunta siempre es: ¿dónde está Dios? ¿Nos abandona? ¿Solamente nos tenemos a nosotros mismos para solucionar las tempestades de la vida?
Un Dios a nuestro gusto
Cuando todo marcha bien nos olvidamos de Dios, todo pareciera que va bien, pero llegan las pruebas de la vida y es cuando buscamos esa presencia real, queremos y pedimos que solucione nuestro problema a nuestro modo, recurrimos a él como médico pero al mismo tiempo buscamos darle la receta, es decir, un Dios a la medida de lo que nos conviene y nuestras satisfacción.
Un ser lejano o un DIOS que sufre contigo
No es un ser que cumple caprichos, o un ser que hace magia y lo resuelve todo, no es tampoco lejano allá en el cielo viendo sufrir a la humanidad, Dios es un espíritu que actúa en nosotros si lo permitimos, sufre con nosotros y nos entiende perfectamente, si lo sentimos lejano es porque así nosotros lo decidimos y el siendo un ser de amor respeta nuestra libertad.
Jesucristo modelo de oración en tiempos de angustia
Jesucristo, siendo verdadero Dios y hombre, se hizo en todo semejante a nosotros, menos en el pecado, al asumir nuestra frágil humanidad, sufrió, lloro, padeció y murió para enseñarnos el camino del verdadero amor. Lo más valioso y la gran virtud de Jesucristo fue su relación íntima con su padre Dios, esa unidad de amor, fidelidad y oración provoco en Jesús ser fiel hasta la muerte de cruz, pasando por el sufrimiento y la angustia y a nunca perder la fe, por eso Jesús es modelo de oración en tiempos de angustia y necesidades, por eso siempre busquemos y recurramos a él en esos momentos de tempestades, en alguna persona, en laguna situación o un pequeño detalle siempre nos va a responder, el jamás abandona.
“clama a mí y yo te responderé, dice el señor tu dios” (jeremías 33, 3).
Por Rodrigo Ramírez Monter
FOTO PORTADA Imagen de Gerd Altmann en Pixabay













