Algunos creyentes casi siempre quieren separar a la iglesia con lo político y lo social, pero el mismo espíritu de Dios es el que nos impulsa a cumplir una misión como cristianos, no podemos vivir diciendo que somos auténticos hijos de dios si no somos empáticos con la sociedad y las acciones políticas. ¿Se puede llevar a Dios en estos ámbitos?
Dios, proyecto de vida
Este mismo espíritu de Dios tiene un proyecto de vida para cada uno de nosotros, una vida eterna y feliz, fuimos creados y somos creaturas hechas para ser felices y hacer feliz a nuestro prójimo, esa es nuestra misión como hijos de Dios y así, cada individuo cumpliendo sus obligaciones civiles formamos una civilización, la cual debe estar basada en el amor, justicia, paz e igualdad.
¿Que nos impide construir un mundo más justo?
Desafortunadamente nuestro egoísmo, avaricia y apego las cosas materiales impide que Dios actúe en nosotros para construir un mundo más justo, más humano y con igualdad entre hombres y mujeres, una sociedad donde la política aplique leyes que establezcan la paz, el empleo, el desarrollo humano sin distinción de raza, religión o preferencia sexual.
Jesucristo como modelo autentico de justicia
Estamos llamados a actuar igual que Jesucristo, luchando por los excluidos, los migrantes, los que sufren hambre e injusticias, solo siguiendo a él como modelo entenderemos que solamente es el camino, la verdad y la vida, construyendo así la civilización social y política en paz.
Podemos ir y leer a ese Jesús histórico que en su época denuncio la corrupción, pago el impuesto, fue encarcelado, juzgado y condenado a muerte injustamente, estas dimensiones de fe caminan siempre juntas.
Oración llevada a la acción
No abandonemos nuestros momentos de oración en la intimidad con Dios, la oración íntima y la oración comunitaria, son elementos que fortalecen el espíritu para llevar a la acción social lo que tenemos que hacer para cumplir como ciudadanos pero también como cristianos, por eso, la oración será la que nos haga salir a la calle, conocer la realidad de nuestro barrio, colonia, calles y ciudades, para aportar y construir como hijos de un mismo padre y sociedad la civilización del amor, donde reine la justicia, la igualdad y la paz.
Por Rodrigo Ramírez Monter
Foto portada Imagen de Gerd Altmann en Pixabay














