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Banxico, crecimiento e inflación

La decisión del Banco de México de mantener en 6.50% la tasa de interés de referencia introduce una señal relevante para la economía mexicana: la política monetaria no está subordinada mecánicamente a las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos. La Junta de Gobierno decidió, por unanimidad, mantener la tasa el 24 de septiembre, aun cuando la Fed había incrementado previamente en 25 puntos base su tasa de fondos federales.

Banxico señaló expresamente que las condiciones macroeconómicas de México son distintas de las de Estados Unidos y que, por ello, su política monetaria no tendría que reaccionar de manera automática ante los movimientos de la tasa estadounidense.

Esto no significa que Estados Unidos sea irrelevante para México. El tipo de cambio, los flujos financieros, las tasas internacionales y la actividad económica estadounidense forman parte del entorno que Banxico debe considerar. De hecho, el propio banco central reconoce que la evolución de Estados Unidos puede afectar las perspectivas de inflación y crecimiento. Pero una cosa es considerar esas variables y otra muy distinta adoptar la decisión monetaria a partir de lo que haga la Fed. La decisión reciente muestra precisamente esa diferencia: el referente es el comportamiento de la economía y de los precios en México.

El segundo elemento que ayuda a entender la decisión es el crecimiento económico. El último dato disponible del INEGI corresponde al segundo trimestre de 2026: el PIB aumentó 1.5% respecto del trimestre anterior y 2.1% a tasa anual. Después de la contracción registrada en el trimestre previo, este resultado representa una recuperación de la actividad. Sin embargo, no debe confundirse una recuperación trimestral con una economía que haya eliminado sus problemas de crecimiento. Banxico estima que durante el tercer trimestre el ritmo de expansión se habría moderado y mantiene la expectativa de condiciones de holgura y riesgos a la baja para la actividad económica.

El tercer elemento es la inflación. Aquí aparece la tensión central de la decisión. Entre la primera quincena de julio y la primera de septiembre, la inflación general pasó de 3.10% a 3.42% anual. El incremento provino principalmente del componente no subyacente, mientras que la inflación subyacente continuó descendiendo, de 3.95% a 3.79%. El dato más reciente disponible para la primera quincena de septiembre confirma una inflación anual de 3.42%.

Así, las tres variables configuran un escenario de equilibrio delicado: una economía que se recuperó en el segundo trimestre, pero conserva holgura; una inflación que volvió a aumentar, aunque principalmente por componentes no subyacentes; y una política monetaria que mantiene una tasa de 6.50% sin seguir automáticamente a Estados Unidos.

La decisión de Banxico puede leerse, por tanto, como una apuesta por evaluar el ciclo mexicano con sus propios datos. La tasa no se determina por la tasa estadounidense, sino por la interacción entre inflación, expectativas, tipo de cambio, actividad económica y grado de restricción monetaria. En ese sentido, la decisión del 24 de septiembre coloca nuevamente a México frente a su propio problema monetario: sostener el proceso de desinflación sin añadir innecesariamente presión a una economía cuyo crecimiento todavía es moderado.

Mi correo ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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