Aprender a habitarse sin huir
hacer del pecho un sitio donde estar
quedarse largo tiempo.
Ninguna sombra se vence
sabe caminar a tientas
y el miedo aprende al fin a no rugir.
Cuando nadie nos mira somos más
que el nombre que llevamos.
La culpa deja en la boca
un sabor menos cruel.
Si dejamos crecer la noche
se vuelve otra manera de la paz.
Habitar este cuerpo y su latir
sentir la sangre unida al universo.
Todo respira suave.
Mirar al otro sin quererlo asir
y hallar en su silencio otro reverso.
La belleza comienza al contemplar
aquello que no puede poseerse.
No todo se retiene.
El mundo encuentra forma al entregarse
y el alma aprende lento a respirar.
Ceder el peso sin dejar de ser
para confiar al cielo la jornada.
No estamos solos.
Llevar la noche en la espalda
y abrir el pecho al alba por nacer.
Tuyo y mío encuentran su lugar.
Luz y sombra ya no luchan.
Nada se pierde.
Lo que se acepta empieza a transformar
y habitarse es quedarse sin escapar.
Pero al cerrar los ojos comprendí
que el cuerpo que habitaba no era mi casa
sino una habitación pequeña y tibia
donde respiraba algo sin nombrarse
con antigua paciencia dentro de mí.
Desperté.
No había nadie.
Solo mi cuerpo
abierto como puerta
y una voz respirando
desde el fondo de mi sangre
que me decía: ven
ve a habitarte.
Has venido
a dejar que algo te habite.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com
















