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Las fuentes del deseo sexual femenino: una mezcla variable de atracción física, vínculo emocional y estimulación física

Cuando el deseo sexual -que facilita la excitación y el subsecuente encuentro sexual-, no aparece en la mujer en un primer momento cuando el hombre la demanda sexualmente, es posible, -aún sin ese deseo inicial-, lograr su excitación a través de la estimulación sensorial (tacto, oído, gusto, vista y olfato) por parte de quien busca la actividad sexual. En muchas parejas formales (de largo plazo), la demanda sexual del hombre hacia la mujer da paso a la «disposición» a la actividad sexual por parte de ésta, aunque sin deseo e incluso sin excitación; algunos hombres resienten ese tipo de aceptación «sin ganas», solo para «complacerlos».

En este último caso, el hombre quisiera que su pareja le muestre que lo desea aunque la mayoría de veces ellos mismos no contribuyen en nada para que esto suceda. En otras ocasiones, el hombre puede contribuir activamente a que la mujer encienda su deseo sexual ya que sabe por experiencia que por sí sola le será más difícil lograrlo. Sin embargo, no todos los hombres se «arriesgan» a despertar el deseo sexual de la mujer porque saben que terminarán generando expectativas que ellos mismos no podrán satisfacer, y ante esa posibilidad, algunos prefieren apelar solo su disponibilidad sexual porque dudan que su desempeño sexual (en cuanto a duración y firmeza), sea el mejor y que terminarán decepcionando a la pareja.

Hay casos en que el hombre, -a pesar de sus esfuerzos-, siente que la mujer no responde adecuadamente a sus atenciones y caricias; ésta situación que es más común de lo que parece, debería dar paso a una conversación abierta sobre el tema pero no siempre es así; en nuestro medio cada quien se queda con su propia interpretación de las cosas y se deja que la relación se desgaste.

Los motivos que hacen que una mujer no sienta deseo con su pareja son muy variados y su resolución generalmente requiere de la atención profesional; sin embargo, antes de cualquier cosa, se pueden preguntar si no será la manera en que han intentando disfrutar de su intimidad la que no está funcionando y que lo que requieren es intentar modificarla; si esto funciona, el problema va en camino de resolverse.

La excitación sexual en hombres y mujeres proviene del deseo como una mezcla variable de componentes hormonales, estimulación sensorial y de una motivación mental figurativa que incluye expectativas, emociones y sentimientos, recuerdos e imaginación. El guión que gatilla al deseo puede derivar de expectativas y fantasías sexuales diferentes según los sexos. En las mujeres suelen predominar los aspectos afectivos y emocionales: «entrega», «sumisión», «perder el control», «ser poseída»; en el hombre parecen predominar aspectos instrumentales: «penetrar», «presionar», «obligar», «poseer», etc.

Es muy importante descubrir nuestro perfil erótico único (lo que nos hace despertar y mantener nuestro deseo sexual); de esa manera, podemos orientar a la pareja hacia aquellos detalles que nos ayudan a despertar y mantener el deseo sexual y desechar lo que no nos ayuda. De eso se trata. Si hay suficiente confianza con la pareja, podemos intercambiar nuestros detonadores sexuales para que la pareja contribuya de forma eficaz a facilitar el acceso a la intimidad erótica y llegar al orgasmo más fácilmente. O en caso, podemos ir indicando a la pareja lo que nos agrada más, para que, -con su ayuda-, se despierte y se mantenga nuestro deseo y excitación hasta su culminación en el orgasmo.

Aunque se puede, hay una gran diferencia entre tener relaciones sexuales con deseo que sin deseo, relaciones sexuales con excitación que sin excitación. Por lo tanto, vale la pena tratar de identificar -de preferencia con un profesional en la materia-, qué es lo que está inhibiendo la aparición del deseo. En estos casos se elabora un diagnóstico diferencial que permite tratar esta disfunción con bastante éxito. En la literatura sexológica está problemática aparece dentro de la las alteraciones del deseo y se clasifica como «deseo sexual hipoactivo».

Por Mtro. Alfonso Aguirre Sandoval

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