Muchas personas, hombres y mujeres, creen que el encuentro sexual de pareja tiene un inicio y un fin, en una secuencia sexual predeterminada por la naturaleza, secuencia que no admite interrupciones ni contratiempos de ningún tipo. Supuestamente esta secuencia sexual predeterminada, va del despertar del deseo y la excitación, -como producto del encuentro entre dos personas-, y hasta la penetración y el orgasmo.
A pesar de que sabemos desde hace rato que nuestros comportamientos en general no son instintivos a diferencia de los otros animales, y que nos sentimos orgullosos de ser seres que pueden tomar decisiones; parece que en el terreno sexual se nos olvidan esas apreciadas cualidades humanas y reproducimos de forma invariable (tipo instinto), una secuencia sexual predeterminada.
En algunos casos ese comportamiento estereotipado se puede explicar porque la experiencia sexual que tiene la pareja es limitada y no se atreven a implementar modificaciones o no saben cómo hacerlo. En otros casos, las personas con algún tipo de inseguridad, son propensas a repetir exactamente el mismo procedimiento por temor a perder la preciada concentración y como consecuencia, el deseo y la excitación sexual.
Pero, cualquiera está en su derecho de preguntar: ¿qué tiene de malo repetir una secuencia sexual que nos ha funcionado bien?. A simple vista, nada, pero a partir de cierto momento, la repetición invariable de cualquier actividad nos llevará a la monotonía y el aburrimiento y en el caso de la actividad sexual, este aburrimiento actúa en contra del deseo y la excitación sexual disminuyendo su gusto y por consiguiente, la frecuencia de los encuentros.
A pesar de que hay poca literatura al respecto, es sabido que entre las personas que suelen reproducir secuencias sexuales predeterminadas una y otra vez, es mayor el descontento cuando se interrumpe la secuencia sexual estereotipada por cualquier motivo, hasta tal grado que tanto la mujer como el hombre ya no son capaces de volver a recuperar el deseo sexual original con la incomodidad compartida subsiguiente.
Hay que entender que el encuentro sexual humano puede ser tan variado como ambas partes lo requieran y/o lo permitan. La actividad sexual no va necesariamente en un sentido unidireccional como el tiempo, sino que es reversible como el pensamiento mismo. La repetición de secuencias fijas que no hayan sido voluntariamente decididas, podrían en cualquier momento, ser enriquecidas progresivamente con el objetivo de que la pareja incorpore nuevos elementos y disfrute de su actividad sexual de una forma más integral.
Mtro. Alfonso Aguirre Sandoval











