Dentro del marco de la conmemoración del Día Mundial de Corazón estos son los datos que tienen sobre la enfermedades del corazón.
Estadísticas actuales
• En México, las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte tanto en hombres como en mujeres.
• En el primer trimestre de 2025, se registraron 51,382 muertes por enfermedades del corazón; de esas, aproximadamente 23,903 fueron mujeres.
• Se estima que cerca del 19 % de las mexicanas entre 30 y 69 años fallece por enfermedades cardiovasculares.
• Muchas de estas muertes son evitables: se considera que hasta un 80 % de los decesos por enfermedades cardiovasculares podrían prevenirse con intervenciones en factores de riesgo como hipertensión, colesterol, diabetes mal controlada, tabaquismo, estilos de vida saludables.
Factores de riesgo principales para mujeres

Estos son los factores que más contribuyen al desarrollo de afecciones cardíacas en mujeres mexicanas:
Particularidades en mujeres
Obesidad y sobrepeso, especialmente obesidad abdominal Altísima prevalencia; la obesidad favorece otras comorbilidades como diabetes, hipertensión. En estudios con mujeres jóvenes (18‑40 años) se encuentra alrededor de 50 % con sobrepeso u obesidad; también dislipidemias frecuentes.
Diabetes mellitus. Es un factor que eleva mucho el riesgo cardiovascular, especialmente si no está controlada. Gran número de mujeres mexicanas viven con diabetes o prediabetes.
Hipertensión arterial. Elevada en población adulta; actúa junto con otros factores para incrementar el riesgo de infartos, insuficiencia cardíaca, etc.
Dislipidemias (colesterol alto, triglicéridos elevados). Mujeres también presentan niveles desfavorables de lípidos; en algunos casos, peor desde la adolescencia.
Sedentarismo. Falta de actividad física potencia los otros riesgos.
Tabaquismo. No tan prevalente como en hombres en algunos grupos, pero su presencia agrava otros factores de riesgo.
Edad y menopausia. Con la pérdida de estrógenos los riesgos de enfermedad cardiovascular suben. La menopausia es un momento crítico para detección y prevención.
Factores específicos femeninos como historia de preeclampsia, complicaciones del embarazo, etc. Estos aumentan el riesgo cardiovascular futuro.
Síntomas y manifestaciones que pueden diferir en mujeres

Uno de los retos en salud cardiovascular es que en mujeres los síntomas del infarto corren más riesgo de ser subdiagnosticados porque no siempre son los “clásicos”. Algunos aspectos que se presentan distinto:
• En lugar de dolor fuerte en el pecho, puede haber disnea (falta de aire), fatiga intensa, sudor frío, mareos.
• Dolor que no siempre se irradia al brazo izquierdo, puede manifestarse en cuello, mandíbula, estómago.
• Síntomas silenciosos o vagos, especialmente en mujeres mayores, lo que retrasa la búsqueda de ayuda.
• También se combinan factores como ansiedad, estrés, depresión que pueden “enmascarar” síntomas o demorar su reconocimiento.
Retos específicos en el contexto mexicano
• Diagnóstico tardío: falta de acceso en algunas zonas rurales, pocos especialistas, desconocimiento de los síntomas en mujeres.
• Desigualdad geográfica y socioeconómica: acceso desigual a servicios de salud de calidad; mujeres con menor ingreso, menor escolaridad, o en comunidades indígenas tienen peores resultados de salud cardiovascular.
• Cultura, género y roles: mujeres muchas veces priorizan la salud de la familia antes que la suya; ignorancia de que los factores de riesgo también se aplican igual a mujeres; menor conciencia pública específica sobre el corazón femenino.
• Atención médica no siempre adaptada: poca capacitación específica en síntomas en mujeres por parte de profesionales, falta de protocolos sensibles al género.
• Prevención insuficiente: políticas de salud pública que no siempre enfatizan campañas dirigidas a mujeres, hábitos de vida, educación alimentaria, ejercicio, control de la diabetes/hipertensión.

Qué se está haciendo
• La Secretaría de Salud de México ha declarado que un alto porcentaje de muertes por enfermedades cardíacas son prevenibles, lo que implica acciones de prevención como campañas, detección, control de factores de riesgo.
• Organizaciones civiles y asociaciones especializadas (por ejemplo PACO, Asociación Ale) trabajan en sensibilización, educación, apoyo en tratamientos, detección temprana.
• Hay esfuerzos en promover estilos de vida saludables: reducir consumo de bebidas azucaradas, mejorar etiquetado, fomentar ejercicio.
• En algunos hospitales se promueven protocolos de atención más rápidos para infartos, capacitación en cardiología para síntomas atípicos, mayor énfasis en prevención en mujeres.
Qué se necesita para avanzar

• Campañas de salud pública con enfoque de género: reconocer que las mujeres tienen síntomas distintos y sensibilizar tanto al público como al personal médico.
• Mejor cobertura y acceso a chequeos preventivos: presión arterial, colesterol, pruebas de glucosa, etc., con frecuencia adecuada en mujeres de mediana edad.
• Más investigación centrada en mujeres mexicanas, para datos locales, para entender cómo los factores culturales, sociales y económicos impactan el riesgo y el acceso al cuidado.
• Integración de servicios de salud materna con seguimiento cardiovascular: historias de embarazo complicadas (preeclampsia, diabetes gestacional) deben incluir seguimiento para evitar problemas cardíacos en el futuro.
• Políticas públicas robustas para reducir obesidad, mejorar alimentación, aumentar espacios para actividad física, regular alimentos procesados; impuestos a bebidas azucaradas pueden ayudar.
• Educación comunitaria: romper mitos (por ejemplo, “el infarto es cosa de hombres”), que las mujeres no cuidan su corazón.

Las enfermedades del corazón son ya una amenaza tan grande para las mujeres mexicanas como lo son para los hombres, quizá incluso mayor, si se consideran los retrasos en diagnóstico y atención. El corazón femenino tiene padecimientos, riesgos y manifestaciones particulares que requieren que la salud pública, la medicina y la sociedad lo reconozcan explícitamente.
Si las mujeres logramos tener conciencia de los síntomas, los factores de riesgo, acceso oportuno al sistema de salud, y políticas públicas dirigidas, muchas vidas se podrían salvar. Porque en el fondo, cuidar el corazón femenino es también justicia social, equidad y derecho a una vida larga y sana.
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