Fue diestro para las artes de la caballeria y de carácter fuerte

Hoy recordaremos a uno de los caudillos más reconocidos de la Independencia Ignacio José de Jesús María Pedro de Allende y Unzaga, nació el 21 de enero de 1769 en San Miguel el Grande hoy San Miguel de Allende en Guanajuato. Sus padres Domingo Narciso de Allende y Ayerdy, acaudalado comerciante y María Ana de Unzaga, criolla muy adinerada, quien se dedico a las labores del hogar. Miembro de una de las familias más prósperas de aquella población, entonces un importante centro mercantil, industrial y agrícola, abrazó la carrera militar, cuando tenía apenas 20 años y en octubre de 1795 fue nombrado teniente del Regimiento Provincial de Dragones de la Reina.

Logró demostrar que era un oficial muy capaz, y algunas de sus promociones llegarían a manos del futuro enemigo, el general Félix Calleja. Ignacio Allende tenía varias habilidades: era diestro en las artes de la caballería y de carácter fuerte. En el ejército recibió una sólida formación y obtuvo el grado de capitán en 1797. En el cantón de Jalapa, en dicho lugar, Ignacio Allende conoció a otros criollos con los que tuvo la oportunidad de intercambiar ideales políticos.

La situación que se vivía en Nueva España a principios del siglo XIX se tornaba complicada para las autoridades coloniales. Si bien las reformas borbónicas –implementadas por la Corona en décadas pasadas– incrementaron el auge de algunas actividades como la minería y propiciaron la reorganización de la administración pública, también agudizaron el desequilibrio social debido a la monopolización de los principales cargos del Estado y la Iglesia en manos de peninsulares.

Por esto el malestar encontró una ocasión propicia para manifestarse cuando, invadida España por las fuerzas napoleónicas en 1808, la decisión de quién ocuparía el trono quedó en manos del emperador francés. Ante ese momento coyuntural, la desazón de los criollos no se hizo esperar. Allende fue entonces uno de los principales promotores de las sociedades patrióticas clandestinas, que se oponían a tales hechos, en San Miguel, Celaya, Querétaro y Ciudad de México.

Allende tenía muy claro la gran necesidad de que México se independizara de España. Algunos historiadores dicen que Allende era parte de una conspiración clandestina que se desarrollaba en Valladolid, alrededor del año 1809. Todos abrazaban la idea de que era necesario un cambio en las estructuras de poder, el descontento contra el Gobierno español era notable. Mientras planeaban las estrategias insurgentes el Gobierno virreinal descubrió una gran conspiración en Valladolid e intentó destruir el movimiento independentista.

A principios de 1810 se involucró en otra conspiración, la cual esta vez era dirigida por el alcalde de Querétaro llamado Miguel Domínguez y por su esposa. Allende era un líder valioso para los aliados pues tenía muchos conocimientos, un adecuado entrenamiento, muchos contactos importantes y estaba lleno de carisma. Habían ordenado en secreto una serie de armas y habían hablado con importantes oficiales militares criollos, que los apoyaban. Ignacio concibió un plan que consistía en levantar diferentes ciudades novohispanas en un movimiento rebelde cuyo postulado central sería jurar fidelidad al rey Fernando VII.

La conspiración se fraguaba en Querétaro y se decidió que el levantamiento se llevaría a cabo en San Juan de los Lagos (hoy en Jalisco) el 1 de octubre de 1810. En el año de 1808 regresó a San Miguel, donde fue puesto a cargo de un regimiento de caballería real. En septiembre de 1810, se enteraron de que habían descubierto su conspiración y que los habían mandado a arrestar. Dicha conspiración fue descubierta por el oficial Joaquín Arias.

Allende estuvo en Dolores el 15 de septiembre con el padre Hidalgo cuando escucharon las noticias por lo que decidieron comenzar la revolución en ese momento en lugar de esconderse. A la mañana siguiente, Hidalgo tocó las campanas de la iglesia y dio su legendario «Grito de Dolores» en el que exhortaba a los pobres de México a tomar las armas para combatir a sus opresores españoles. Una gran masa de criollos e indígenas marcharon hacia San Miguel, y en Atotonilco el cura Hidalgo adoptó el estandarte con la Virgen de Guadalupe como insignia.

El 28 de ese mismo mes lograron tomar Guanajuato, que era defendido por el intendente realista Antonio Riaño. En Guanajuato los insurgentes asaltaron cruelmente la alhóndiga de Grananditas y asesinaron sin piedad a los españoles y sus familias. Esta situación provocó una fuerte discusión entre Hidalgo y Allende que al final hizo que rompieran relaciones. Por fortuna, se les unieron más rebeldes en la ciudad de Valladolid, tomada el 17 de octubre, surgió un fuerte enfrentamiento con el ejército realista en el Monte de las Cruces del que lograron salir victoriosos.

Allende luchó bajo el mando de Hidalgo como un lugarteniente durante los primeros meses de la lucha. Hidalgo y Allende tenían ciertas diferencias en el sentido táctico de la guerra, el primero propugnó una guerra de guerrillas y el segundo una guerra militar. Ahora bien, Ignacio Allende propuso entonces ocupar la ciudad de México; pero, Hidalgo decidió declinar ante la idea de otra matanza. En Aculco los esperaban las tropas realistas de Félix Calleja y Manuel Flon, por las que fueron derrotados, esto generó un gran conflicto entre los dos líderes.

Allende realizó un fuerte en Guanajuato, aunque se vio obligado a dejar la ciudad el 25 de noviembre a causa del asedio del virrey Calleja. Sin embargo, después de una gran derrota en la batalla del Puente de Calderón cerca de Guadalajara el 17 enero de 1811, Allende reemplazó a Hidalgo, quien como sacerdote no tenía experiencia militar, y pasó a convertirse en un líder de las fuerzas revolucionarias.

Ordenaron a sus tropas refugiarse en una hacienda, a Hidalgo se le retiró el mando y el ejército quedó divido; una parte se fue con Ignacio López Rayón al frente, hacia Michoacán; el otro partió hacia el norte de la cabeza de Ignacio Allende y Miguel Hidalgo para buscar apoyo de los Estados Unidos. Pero cuando iban en camino, en Acatita de Baján, Coahuila, fueron aprehendidos de manera inesperada por Ignacio Elizondo. Luego de un tiempo de prisión, Ignacio Allende fue sometido a un juicio y al final, luego de ser declarado culpable, fue fusilado y asesinado junto con Ignacio Aldama y Mariano Jiménez el 26 de junio de 1811 en Chihuahua.

Luego de ser fusilados sus restos fueron expuestos por toda la plaza, su cabeza fue colgada en la esquina de Alhóndiga de Granaditas, durante 10 años, luego fueron enterrados en la columna de la Independencia en la ciudad de México. Definitivamente, lo que hizo este mexicano independentista fue necesario para proclamar la Independencia oficial: creó una junta en San Miguel para impulsar la independencia, planeó una rebelión para liberar el pueblo, organizó las diferentes formas de defensa, fabricó algunas armas y pólvora. Luchó en las primeras juntas secretas. Por ende, es considerado un mártir que quería liberar al pueblo del yugo español.

El pensamiento político de Ignacio Allende quien dedicó su vida a hacer una nueva forma de política. Sus objetivos políticos eran más conservadores que los de Miguel Hidalgo. Era considerado un mártir que quería liberar al pueblo del yugo opresor. Dentro de las aportaciones Ignacio Allende se dedicó a resolver asuntos bélicos que sucedían en la época y a apoyar la revolución que buscaba sin cesar la independencia. Luchó por la libertad logrando salir avante en sus peleas generando gran influencia sobre la población. Logró apresar a los españoles que habitaban el pueblo de Dolores.

Las frases célebres de Ignacio Allende fueron: sin importar el tamaño de la ciudad o pueblo en donde nacen los hombres o mujeres, ellos son finalmente del tamaño de su voluntad de engrandecer y enriquecer a sus hermanos.

Nada hay tan importante como el acento de la verdad.

El escritor escribe de lo que lleva dentro, de lo que va cocinando en su interior y que luego vomita porque ya no puede más.

La franqueza tiene sus límites, allende los cuales pasa a ser necedad.

La guerra es la obra de arte de los militares, la coronación de su formación, el broche dorado de su profesión. No han sido creados para brillar en la paz.

Fuente: Euston 96, Relatos e Historias, Historia-Biografía y Busca Biografías