Como sabemos, en materia económica el Banco de México es una institución fundamental debido a su propósito autónomo central de procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, fortaleciendo con ello la rectoría del desarrollo que corresponde al Estado, como lo señala el artículo 28 de nuestra Constitución General de la República.

Para cumplir este objetivo, el Banxico utiliza como indicador principal el control de la inflación para mantenerla a la baja y estable, con los objetivos de promover el sano desarrollo del sistema financiero y propiciar el buen funcionamiento de los sistemas de pagos.

En esta virtud y en contra de la opinión de analistas y el mercado, la Junta de Gobierno decidió por mayoría —un miembro votó para mantener el nivel de 8.25%— disminuir en 25 puntos base el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día a un nivel de 8.00%, considerando que bajo las condiciones actuales dicho nivel es congruente con la convergencia de la inflación a su meta en el horizonte en el que opera la política monetaria. La última vez que la institución bajó su tasa de referencia fue en junio de 2014.

Es interesante enumerar los diversos factores utilizados por el Banco de México en su balance de riesgos, pues en el ámbito internacional considera la desaceleración de la actividad económica mundial, que implica una menor expansión de economías avanzadas y emergentes, así como las tensiones de los Estados Unidos con otras economías principalmente en materia comercial.

Por otro lado, observa que la inflación en las economías avanzadas se ha mantenido en niveles reducidos, lo que ha aconsejado a los bancos centrales adoptar políticas monetarias más relajadas.

En el plano nacional, las menores tasa de interés y episodios de volatilidad se han combinado con la incertidumbre en la relación bilateral entre México y Estados Unidos, así como con las perspectivas crediticias para la calificación de Pemex y la deuda soberana.

En estas circunstancias, el Banco de México se propuso impulsar una política monetaria prudente y firme, que impulse la adopción de medidas que propicien un ambiente de confianza y certidumbre para la inversión, una mayor productividad y que se consoliden sosteniblemente las finanzas públicas.

Asimismo, el Banco busca atender el deterioro en la calificación crediticia soberana y de Pemex, apoyar el cumplimiento de las metas fiscales para 2019 y generar confianza en el Paquete Económico para 2020, en el contexto del fortalecimiento del estado de derecho, abatir la corrupción y combatir la inseguridad.

Los efectos en la economía no se harán esperar. La tasa de interés interbancaria a un día es la tasa de referencia que utilizan los intermediarios financieros y que impacta en el costo del dinero en sus diversas formas, como las tarjetas de crédito, la compra de bienes durables, la adquisición de vivienda o el financiamiento de las empresas. Si la tasa de referencia de Banxico baja, la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE), que es la base de referencia de los financiamientos de las tarjetas de crédito, baja también, con lo que el costo del dinero plástico disminuye. Los créditos bancarios y para la actividad empresarial se verán beneficiados de esta manera.

Otro impacto relevante es en el servicio de la deuda interna del sector público, en la medida en que la deuda que se emita ahora tenderá a hacerse a tasas menores.

Apoyando este hecho y en una inusual postura ajena a sus esquemas de crítica y descalificación, el presidente López calificó esta decisión de “importante” porque es una forma de estimular la economía y hacer uso del crédito por parte de las personas.

La disminución de la tasa de referencia del Banco de México será sin duda un estímulo para la economía, sobre todo en un contexto de desaceleración económica y en apoyo a la demanda de las familias y empresas, así como a la inversión productiva.