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Vida, naturaleza, imaginación

Agotadas en su inagotable objetividad, naturaleza y vida dejaron de fungir como espejos o simples ideales que cual flechas marcan un destino.

Al darnos la vuelta cobijan la existencia en cauces y limitaciones de un recorrido que no tiene dirección sino un virtual y emblemático destierro.

En nuestro abandono, naturaleza y vida se desviven por imitar toda imaginación que encumbre sus iniciativas pues, tristes, carecen de creatividad.

Busca toda objetividad subjetiva ser descubierta porque reclama expresión. Al querer expresarse su fuente es la imaginación.

¡Heme aquí! ¡Henos aquí! En la invención de colores, formas, conglomerados, tamaños e incluso fósiles con que emergen torres, cirqueros, música y sol.

La simple bóveda craneal el artilugio de la dura materia y de la experiencia que dejan sus ejércitos a la paciencia energética de las invenciones intuitivas.

Vida y naturaleza en movimiento que entran al proceso humano que se autocalifica destrozándose para volver a ser mártir de crítica aguda y serena.

Éxtasis, magia, imaginación, el brinco del sí mismo que se hace a sí mismo metamorfoseado, para ingresar a otros seres igualmente metamorfoseados, tal vez como trayecto narrativo nuestro.

Pobre vida y sus caballos que halan con fuerza de tiempo sobre ruinas y destellos de un pasado que lucha en todo presente para hacerse futuro.

Insípida naturaleza que recubre de tacto y misterio los rincones de este pequeño esfuerzo terrenal para hacerse nodriza y muerte y surco.

Y sin embargo extienden sus raíces como hebras de la urdimbre imaginada de esa imaginación que desde el nacimiento se hace el mundo.

Volteo, miro arriba, veo debajo, hurgo dentro y más dentro de mí y es y somos células del pincel eterno con derrumbe de tonos y admoniciones etéreas.

Pobre naturaleza, vida insípida, tan enormes y esbeltas pero tan calladas y tiernas como peregrinaciones de la rastrera y torpe imaginación.    Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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