Cómplices soberanos. Cuánto destino afuera y yacemos aterrados a nuestra pequeña alcoba parásita de un amor que no comprendemos o dejamos de entender.
Tiempos a los ojos nos viven.
Aferramos instintos y voliciones a deseos y en ínferos catastróficos elevamos individualismo y egoísmo como piezas de oro.
Vivimos un afuera de tiempos desordenados que impelen volver al refugio de nosotros.
Los furiosos deseos elevan sus venas e hinchan sus velas para retornar al tórrido destino.
Los apacibles ajenos deseos se nos dan lentos e insípidos.
La libertad del otro o sus culpas e historias reclaman las mías y discuten terrenos adentro.
Al encierro le añadimos celda. Los espacios anhelamos achicarlos. Nos hacemos más nosotros cada vez. Aprendemos a reconciliarnos. Quizá la divinidad de todos se convierte en poros y la sudamos.
Las personas indagan por el olor de ese sudor y su caída en la lluvia lejana del amor. Nos damos cuenta que está de nuestro lado, pero el destierro lo torna triste deseo.
Dejamos de aprender y en límites oscuros deseamos ir por esos destellos y desterramos la humildad. Tanto ruido y los sueños son quienes nos sueñan recordándonos que somos penitentes. No queremos ya estar aquí.
Vamos cediendo y los senderos se alargan como nodrizas que arrastran de regreso el pulso antes luminoso. Pasamos por las entrañas esas irreflexivas muestras de abandono y retornamos.
Cargamos de revés al mundo. El caos enfermo mortal exterior es el témpano y amamos expulsar la divinidad a la universal divinidad que nos acoge. Retornarnos en el retorno, proceso que es no sólo nuestro sino nos inventa.
Tiempos a los ojos nos viven. Observamos para mitigar la zozobra de ahí fuera. Muerte, angustia, enfermedad y el encierro como respuesta. Tiempos para los ojos que nos viven.
Al entrevistar a los ojos de Dios reconocemos ese despliegue que detrás también se da como sombras y puerto seguro entre amistades y huertos. Luego le marcamos y contesta la serenidad de un nuevo discurso amoroso que revela nuestra humanidad tan íntima como inhumana.
Tiempos a los ojos nos viven, en espera de que este vivir renueve nuestra obnubilada esencia en tiempos nuevos. Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com
















