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Tatuaje nacarado

I
El tiempo enseña a reconocer
cifrado en sus huestes y conquistas
el tatuaje amaestrado que de existencia
llevamos como posibilidad del ser

y convertirlo en propuesta de vida
con sus formas del dolor con el amor
y su bicéfalo colorido predispuesto
de conocimiento vestido de ignorancia

vertido en molde de felicidad
con sus secretos que yacen bajo tierra
y se viven como el yo en el exilio de sí
y caen en el vacío noctámbulo

al precipitarse en las entrañas
en que sentimos y escuchamos la llamada
para reencarnar en nosotros y resurgir
en el cuerpo tatuado de fe.

    II

Y al regresar buscamos nuestras luces
para evitar que seamos invisibles
y ver las penumbras que nos definen
esos ejes que ennoblecen los trazos
que le dan vigor al amor que llevamos
entre la circunspección de quienes somos
y la metáfora que lanzamos siendo humanos
para recuperarnos como arte corporal
entre el restante museo de cuerpos
que albergará por siempre las obras
dejadas de hacer o en péndulo dadas
pero que conforman la entrega
la miseria con que vemos lo bello
y la estoicidad con que decimos lo feo
en el entresijo del estar dormido
y el despertar en el amanecer nublado
o con la esfinge de la creencia divina.

    III

Cada escenario de muerte se vive
en la opulencia de formas y tonos
que me llevo de noche y en sueños
al tatuaje nacarado de un imposible.

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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