La mayoría de estudios sobre las características de la actividad sexual en la pareja, corroboran la vieja hipótesis de los biólogos evolutivos de que la especie humana es una especie formadora de parejas estables y a largo plazo matizada con intercambios sexuales eventuales -y a veces medianamente largos-, con otra u otras personas con quienes pueden llegar a desarrollarse o no, lazos afectivos.
A pesar de todo, la monogamia en la actualidad, sigue siendo la expectativa predominante para una relación de pareja entre mujeres y hombres; en algunos casos se confía en que la pareja no será infiel y en otros, se incluye a la fidelidad como una cláusula básica para la permanencia de la relación.
Para evitar la estigmatización de las personas «infieles» con el sesgo negativo que culturalmente adquirió la palabra «infidelidad» (que se relaciona comúnmente con engaño, traición, etc.), se ha acuñado un término más descriptivo pero medio enredado cuando se traduce del inglés que sería algo así como: «experiencias no monógamas no consensuadas».
Esta nueva terminología también nos facilita distinguir entre la «no-monogamia no consensuada» la cuál, cuando se hace evidente causa mucho enojo, malestar y sufrimiento en la pareja, y la «no-monogamia consensuada», experiencia que requiere de la aceptación de la pareja. La no monogamia consensuada es un tema del cuál se habla poco y se escribe menos quizás porque aún es uno de los últimos tabúes sexuales en el mundo ultra liberal en el que vivimos y cuya popularidad entre la población estadísticamente aparentemente es muy bajo.
Recordemos la desvalorización que significaba para el ego masculino, ser señalado como un «cornudo» como consecuencia de la experiencia no monogámica no consensuada de la mujer; así como también la triste imagen de la «mujer engañada» por esa misma razón. «El amante» y «la amante» que dentro de este contexto es la tercera persona involucrada, pasaría a denominarse descriptivamente: «pareja extradíada».
Es curioso resaltar como la exigencia de la monogamia y la fidelidad que fueron impuestas por la sociedad patriarcal hace más de 2 mil años especialmente sobre las mujeres y que sirvieron para sustentar el dominio histórico del hombre sobre la mujer sigan vigentes -recordemos que el hombre es quien siempre ha exigido la fidelidad sexual de la mujer con el objetivo de asegurarse de la paternidad de su descendencia y que la monogamia ha sido una exigencia hacia las mujeres pero no para el hombre quien siempre ha gozado de más libertad en este terreno-.
Maestro Alfonso Aguirre Sandoval












