Claudia Sheinbaum encabezó su segundo Grito de Independencia como presidenta, con menciones a heroínas, mujeres y pueblos históricamente representados.
La noche del 15 de septiembre, Claudia Sheinbaum encabezó por segunda ocasión el Grito de Independencia desde el balcón de Palacio Nacional, en el marco del 216 aniversario del inicio de la lucha por la Independencia de México.
Con ello, la mandataria volvió a ocupar un espacio que durante más de dos siglos estuvo encabezado por hombres, después de convertirse en 2025 en la primera mujer presidenta en dirigir esta ceremonia.
Su segundo Grito no solo representó la continuidad de una tradición nacional, sino también la presencia de una mujer al frente de uno de los actos cívicos más importantes del país.
En su primera ceremonia, Sheinbaum ya había incorporado numerosas referencias a mujeres que participaron en la historia de México, entre ellas Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario y Gertrudis Bocanegra, además de reconocer a las mujeres indígenas y a las heroínas anónimas.
Para 2026, la presidenta modificó parte de su arenga e incluyó nuevamente referencias a figuras femeninas de la Independencia. Entre ellas estuvo Antonia Nava, conocida como “La Generala”, además de otras mujeres que formaron parte de la lucha independentista.
Este segundo momento adquiere una dimensión particular por tratarse de la segunda ocasión en que una mujer encabeza desde Palacio Nacional una ceremonia que históricamente ha estado asociada con figuras masculinas.
La presencia de Sheinbaum en el balcón presidencial también continúa una ruptura simbólica iniciada un año antes, cuando se convirtió en la primera mujer en dar el Grito como titular del Poder Ejecutivo.
Además del reconocimiento a las heroínas, la arenga de 2026 incorporó menciones a los pueblos indígenas, las comunidades afromexicanas y los migrantes, ampliando los grupos reconocidos durante la ceremonia.
La ceremonia también puede observarse desde la representación de las mujeres en los espacios de poder.
En los últimos años, el Grito ha mantenido sus elementos tradicionales —la campana de Dolores, la bandera y las arengas—, pero la llegada de una presidenta modificó quién ocupa el balcón central de Palacio Nacional y quién pronuncia las palabras que millones de personas escuchan cada 15 de septiembre.
Así, el segundo Grito de Sheinbaum quedó marcado por la continuidad de una tradición nacional y por la presencia de referencias a mujeres que participaron en la construcción de la historia de México.
Una voz femenina volvió a encabezar desde Palacio Nacional una celebración que, durante generaciones, había sido protagonizada por hombres.
















