La historia de la Academia Militarizada Ignacio Zaragoza no puede entenderse únicamente desde sus aulas, sus uniformes, sus ceremonias o los testimonios de quienes pasaron por ella.
La tercera parte de este expediente de la Academia Militarizada Ignacio Zaragoza conduce hacia otro terreno: las relaciones que durante años existieron entre la institución educativa, la Arquidiócesis de Puebla, autoridades de la Secretaría de Educación Pública y estructuras militares asentadas en Puebla.
La pregunta no es menor.
¿Cómo pudo una institución educativa privada construir una identidad pública tan estrechamente vinculada con símbolos, prácticas, ceremonias y espacios de carácter militar?
Las preguntas adquieren una dimensión distinta en 2026, cuando la SEP federal anunció una revisión de las escuelas que operaban bajo modelos militarizados y señaló que la denominación de escuela militarizada no está permitida dentro del sistema educativo nacional.
Una institución que se presentó como heredera de una tradición militar
En documentos institucionales de la Academia, la comunidad educativa era descrita mediante un lenguaje que iba mucho más allá de una escuela convencional.
Se hablaba de “hermanos”, “vástagos” de la patria y de una comunidad que debía responder al llamado de México como quien responde al llamado de una madre.
La institución se presentaba como “la mejor escuela de México”, precisamente por enaltecer los valores patrióticos y preservar el prestigio militar de las instituciones mexicanas.
La Academia Militarizada Ignacio Zaragoza (AMIZ) incluso mantenía en su sitio una descripción de su modelo como una formación de triple dimensión: militar, intelectual y humana. También presenta el agrupamiento montado, el paracaidismo y la participación en desfiles como parte de sus actividades.
Pero si la formación militar era una parte esencial del modelo, aparece una pregunta inevitable: ¿Bajo qué autorización podía una institución educativa privada ofrecer formación militarizada a niñas, niños y adolescentes?
El primer ciclo de vida de la Academia concluyó en 1974, un año después de la muerte de su fundador, el general José Mijares Palencia.
Treinta y siete años después, una nueva etapa comenzó en Puebla.
Para el ciclo 2011-2012, la institución abrió nuevamente sus puertas con bachillerato general mixto, de acuerdo con la documentación y antecedentes recopilados para este expediente.
Y ahí comienza la parte que interesa a relatoria de hechos. Porque la nueva Academia no solamente recuperó un nombre. Recuperó también una identidad militar, patriótica y ceremonial.
IGLESIA Y ESCUELA: ¿QUIÉN AUTORIZÓ LA PRESENCIA RELIGIOSA?
En México, la educación pública tiene carácter laico. Pero la Academia Militarizada Ignacio Zaragoza (AMIZ) era una institución privada.
La pregunta entonces debe formularse con precisión: ¿Qué reglas aplicaban a una institución particular que incorporaba actividades religiosas dentro de su dinámica escolar?
Documentos institucionales señalan que la Academia contaba con un capellán.
Según esos documentos, el entonces arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, habría designado al presbítero José Alfredo Chávez Acevedo como capellán del cuerpo de cadetes.

La institución describía su función como una guía espiritual para la comunidad educativa.
El sacerdote, además de su formación religiosa, contaba con estudios como médico cirujano y especialidad en pediatría, según la información institucional.
La cuestión no es cuestionar la práctica religiosa de las familias. La cuestión periodística es otra: ¿Cuál era el marco jurídico e institucional bajo el cual un capellán tenía una función reconocida dentro de una comunidad escolar militarizada?
¿Existía un nombramiento formal? ¿Había autorización de la autoridad educativa?
¿La Arquidiócesis tenía conocimiento de las actividades militares que se desarrollaban paralelamente? ¿Existían documentos que delimitaran las funciones del capellán frente a menores de edad?
Y hay otro dato.
Durante Semana Santa, testimonios y documentos de la institución refieren la entrada de sacerdotes al plantel para realizar la tradicional imposición de ceniza.
La propia AMIZ reconoce entre sus tradiciones institucionales celebraciones como Semana Santa, la Virgen de Guadalupe, Navidad y otras festividades religiosas.
EL DESFILE: ¿QUIÉN COLOCABA A LA AMIZ DETRÁS DE LAS FUERZAS ARMADAS?
Hay otro punto que merece especial atención.
La Academia participaba en los desfiles cívico-militares de Puebla, particularmente en las conmemoraciones del 5 de Mayo y del 16 de Septiembre.
La propia institución presume esa participación. Pero los testimonios recopilados para esta investigación sostienen que el contingente de la AMIZ tenía una posición destacada dentro del contingente civil, inmediatamente después de las fuerzas militares.
Entonces aparece una pregunta sencilla, pero fundamental:
¿Quién asignaba ese lugar? ¿La Secretaría de Educación Pública?¿La autoridad militar? ¿La Secretaría de la Defensa Nacional? ¿El comité organizador del desfile? ¿O era una decisión de protocolo?
La respuesta permitiría conocer algo mucho más importante: ¿Quién reconocía institucionalmente a la AMIZ como parte de esos desfiles?
Porque no se trata solamente de marchar. Se trata de saber quién autorizaba, coordinaba y supervisaba la participación de una escuela privada cuyos alumnos eran menores de edad y utilizaban uniformes y elementos de apariencia militar.

¿CÓMO LLEGÓ UNA ESCUELA PRIVADA A LAS INSTALACIONES MILITARES?
Esta es probablemente una de las preguntas centrales de esta tercera entrega.
Testimonios recopilados señalan que alumnos de la Academia realizaban visitas y actividades dentro de instalaciones militares.
En algunos casos, según las versiones obtenidas, eran recibidos por personal militar y existían mamparas o elementos institucionales que identificaban la visita de la Academia.
La pregunta es: ¿Qué procedimiento debe cumplir una institución educativa privada para trasladar a menores de edad a instalaciones militares?
¿Debe existir consentimiento de madres, padres o tutores? ¿Debe existir un seguro? ¿Debe existir un protocolo de protección civil? ¿La SEP estatal debe tener conocimiento? ¿La Secretaría de la Defensa Nacional debe registrar esas visitas?
Y, sobre todo: ¿Existieron esos documentos en el caso de la AMIZ? No es una pregunta menor.
La normatividad educativa de Puebla contempla reglas específicas para instituciones particulares y distintos niveles educativos, mientras que la propia SEP mantiene una sección de normatividad aplicable a educación básica y media superior. (Secretaría de Educación)
Por eso resulta indispensable determinar qué autorizaciones tenía la Academia y cuáles correspondían a cada actividad.

LA FORMACIÓN MILITAR: CUANDO EL AULA SE TRASLADABA AL CAMPO
La Academia Militarizada Ignacio Zaragoza no escondía que la formación militar era parte de su propuesta.
Actualmente, su propia página habla de campamentos, entrenamiento físico, agrupamiento montado y paracaidismo.
También existen publicaciones que describen campamentos táctico-militares, prácticas de alta montaña y actividades como rapel, escalada y tirolesa.
Pero los testimonios recopilados para este expediente van más allá. Se habla de campamentos, polígonos de tiro y terrenos de operaciones.
De instrucción militar dentro y fuera de las instalaciones escolares. De visitas a unidades militares. Y de actividades relacionadas con paracaidismo.
Aquí es donde la investigación debe detenerse y preguntar: ¿Dónde estaba la frontera entre educación y adiestramiento militar?
Porque una cosa es enseñar disciplina, civismo, historia militar o acondicionamiento físico. Otra es someter a menores de edad a actividades propias de entrenamiento militar.
Paracaidismo: ¿qué autorización existía?
Entre los elementos más delicados aparece el paracaidismo.
La propia Academia reconoce esta actividad y la presenta como parte de su propuesta. La institución afirma que se practica bajo normas de seguridad y con fines recreativos y de instrucción militar.
Los testimonios recopilados señalan incluso cursos relacionados con:
- salto con cinta estática;
- caída libre militar;
- precursor de asalto aéreo;
- media y alta montaña;
- instrucción básica de paracaidismo;
- mantenimiento y plegado de paracaídas.
También se menciona la participación de maestros de salto y la entrega de alas doradas a los cadetes que concluían determinados retos.
Si esto ocurrió con estudiantes menores de edad, las preguntas son inevitables: ¿La autoridad educativa consideraba el paracaidismo parte de la formación escolar autorizada o una actividad extracurricular privada?

¿Y QUÉ PAPEL JUGABA LA SECRETARÍA DE EDUCACIÓN PÚBLICA?
Aquí aparece una de las piezas centrales del expediente.
Desde 2011 hasta 2026, distintas personas estuvieron al frente de la Secretaría de Educación Pública de Puebla.
La cronología permite ubicar quién estaba en el despacho durante los diferentes momentos de la segunda etapa de la Academia.
Secretarios de Educación Pública de Puebla | 2011-2026
| Periodo aproximado | Titular / encargado |
| 2011-2012 | Luis Maldonado Venegas |
| 2012-2015 | Jorge Benito Cruz Bermúdez |
| 2015-2018 | Patricia Vázquez del Mercado Herrera |
| 2018 | Ignacio Alvízar Linares |
| 2019-2022 | Melitón Lozano Pérez |
| 2022-2023 | José Luis Sorcia Ramírez, encargado del despacho |
| 2023-2024 | María Isabel Merlo Talavera |
| 2024-2024 | Charbel Jorge Estefan Chidiac |
| 2024-2026 | Manuel Viveros Narciso |
Pero aquí hay que hacer una precisión: la coincidencia temporal de un secretario con el funcionamiento de la AMIZ no significa que esa persona haya autorizado o conocido sus actividades. Esa conexión sólo puede establecerse mediante documentos.
Y justamente esos documentos son los que ahora deberían buscarse.
LA ZONA MILITAR: EL OTRO ARCHIVO QUE FALTA ABRIR
La relación con la estructura militar constituye otra pieza fundamental. La pregunta no es si la Academia tenía una imagen militar.
Eso está documentado por la propia institución. La pregunta es:¿Qué relación institucional existió entre la AMIZ y la Secretaría de la Defensa Nacional?
¿Hubo convenios? ¿Reconocimientos? ¿Invitaciones?¿Personal militar que participara como instructor? ¿Uso de instalaciones? ¿Participación en ceremonias? ¿Participación en desfiles? ¿Entrega de reconocimientos, insignias o distintivos?
Si existió cualquiera de estas relaciones, debería existir una huella documental.
¿LO SABÍA LA AUTORIDAD EDUCATIVA?
Esta es quizá la pregunta que deberá responderse con documentos.
No basta con saber que la Academia participaba públicamente en actividades militarizadas.
La propia institución lo anunciaba. No basta con saber que participaba en desfiles. Existen registros públicos de esa participación.
No basta con saber que ofrecía paracaidismo, caballería y campamentos. La propia AMIZ lo publicita. (Academia Ignacio Zaragoza)
Lo que falta establecer es otra cosa: ¿La autoridad educativa sabía exactamente qué significaba esa formación militarizada?
Y si lo sabía: ¿qué hizo al respecto?
EN 2026 LA DISCUSIÓN CAMBIÓ RADICALMENTE.
La SEP federal informó que las instituciones educativas no pueden operar bajo una modalidad educativa denominada militarizada, militar, castrense o equivalente, y comenzó una revisión nacional de este tipo de planteles.
Entonces surge una pregunta inevitable: Si hoy se considera necesario revisar la legalidad de este modelo, ¿quién lo supervisó durante los años anteriores?
¿Quién permitió que esa estructura funcionara de esa manera durante tantos años?
Y todavía más:
Porque detrás de cada fotografía de un desfile, cada visita a una zona militar, cada ceremonia religiosa, cada salto en paracaídas y cada campamento existe una pregunta documental: ¿dónde está el oficio que lo hizo posible?
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