domingo, mayo 19, 2024
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¿Por qué no es fácil entender nuestra sexualidad?

Con un propósito comprensible de divulgación popular, muchos contenidos de la sexualidad se han convertido en temas de conversación cotidiana. Este formato de divulgación insiste en que la sexualidad, siendo que es una parte de nuestra naturaleza, no debería ser complicada y se remarca que ahora -con el uso de los anticonceptivos-, el ejercicio sexual es recreativo, que las distinciones de género sexual son arbitrarias, que la orientación sexual es una decisión personal y que los fármacos sexuales son tu mejor aliado.

En realidad, este tipo de contenidos sobre la sexualidad no son educación sexual, ya que no persiguen desarrollar la consciencia de las personas sobre su cuerpo y su comportamiento sexual con el objetivo de que tomen decisiones informadas, sino que -desde su implementación en los años 60´s del S. XX-, se trata de reforzar una visión no reproductiva de la sexualidad que substituya a la versión reproductiva anterior. Ambas visiones tienen en común que adoctrinan a las personas en uno u otro sentido haciéndoles creer que están tomando sus propias decisiones cuando en realidad -en ambos casos-, el objetivo ya está decidido de antemano. 

La sexualidad expresa la forma de ser sexual de cada quien, se manifiesta a través de la identidad psicosexual y ésta se va construyendo a lo largo del desarrollo físico y cognitivo, emocional y comportamental de todo ser humano. Por lo tanto, la sexualidad se construye, no viene instalada. Los  componentes básicos con los que cada quien construye su propia sexualidad son: los aspectos biológicos, las características psicológicos y los aprendizajes sociales.

A la parte biológica de la sexualidad se le denomina «sexo» y se refiere a los cromosomas y hormonas sexuales, los órganos sexuales y sus funciones, los cuales vienen incorporados en el paquete genético que cada quien trae desde la fecundación. Sin embargo, el sexo sólo se manifiesta a través de la identidad sexual y la personalidad y no por sí solo. La identidad es única e irrepetible -es una forma de auto conciencia- y expresa nuestra forma de ser, actuar y sentir.

Pero tampoco esa identidad subjetiva es autónoma ya que por sí misma es una estructura vacía y no podría expresarse; su expresión requiere de un contenido cultural, de una sociedad, de un lenguaje, de creencias y más. Todos estos elementos, -desarrollados por cada grupo social-, le otorgan contenido a la identidad y a través de ella, al cuerpo sexuado y así, a través de todas estas intermediaciones, la sexualidad adquiere un significado y un valor particular.          

Cualquier tema relacionado con la sexualidad, sea el amor, el deseo sexual, el género sexual, la homosexualidad, las disfunciones sexuales y demás, no son temas sencillos porque son el resultado de este complejo proceso que se complica aún más porque no estamos refiriéndonos a «hechos» definitivos, sino que son procesos que nos acompañan durante toda la vida y se modifican consistentemente con nuestra edad y forma de vivir.

Cada mente hace una transcripción propia de su cuerpo sexuado en función de los elementos subjetivos proporcionados por la cultura (creencias, tradiciones, etc.). Esa transcripción es responsable de darle valor a ciertas partes del cuerpo y a conceder primacía a ciertas funciones, a partir de los cánones cosmológicos, religiosos o científicos predominantes. 

En consecuencia, la sexualidad no es fácil de entender porque a) se construye con elementos dispares (biológicos, psicológicos y sociales); b) tal como la identidad y la personalidad, la sexualidad es única para cada quien; c) constituye una parte de la personalidad y se expresa a través de ella; d) se modifica a lo largo del tiempo; e) su funcionamiento está corticalizado solo parcialmente (lo que quiere decir que no responde completamente a la voluntad).

Requerimos hacer un esfuerzo conjunto para que realmente la educación sexual sea una herramienta de conocimiento sobre nuestro cuerpo y nuestro comportamiento sexual, enriqueciéndola todo el tiempo con los contenidos propios de la sexología como ciencia.  

Por: Maestro Alfonso Aguirre Sandoval

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