spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

OTROS ARTÍCULOS

Pide el presidente López en su informe tiempo. Cero crecimiento, más violencia y un país sin visión

El discurso del primer año de gobierno del presidente López muestra un balance con una conclusión: el innegable desmantelamiento de una forma de hacer gobierno (el llamado “neoliberal”) y el comienzo de otra (la “cuarta transformación”) pero que no termina por lograr aún el entrelazamiento estratégico profundo y necesario con los procesos económicos del país y no logra convertirse en una nueva institucionalidad, que generen efectivamente las condiciones de la anunciada “nueva” época.

El pedir más tiempo significa para la 4T una ganancia a fin de inmunizar sus protocolos gubernamentales y replantear sus tácticas ante la cruda irrealidad de su proyecto; implica un momento de paciencia social, basado en su aceptación política en todo el país, orientado a que las inversiones se realicen, se firme el nuevo tratado comercial con Estados Unidos y Canadá y sirva de algo la estabilidad que disfrutamos gracias al desempeño del Banco de México.

Empero, en lo que va de 2019 la economía está estancada, seguimos sin crecer, sin generación de empleo suficiente y con una economía informal devastadora que absorbe los recursos provenientes de los nuevos programas sociales, por lo que esos recursos públicos no tienen ningún efectos en el ciclo productivo.

El gasto público se ha recortado ostensiblemente para ajustarse a la noción de “austeridad”, se dejó de gastar (el subejercicio fue de 155 mil millones de pesos a octubre, según datos de la SHCP), el dinero público corriente se entrega directamente a las personas sin intermediarios bajo su uso político electoral y los ingresos petroleros y fiscales muestran caídas reales en su comportamiento desde hace meses, dependiendo de los ingresos provenientes de las gasolinas.

En materia de inseguridad, la violencia no ha dejado de crecer. 2019 será recordado como el año más violento de la historia, ante el cual palidece cualquier declaración de suficiencia y de cambio paradigmático de la política de seguridad, y menos cuando pretende presentarse los sucesos del 17 de octubre, el llamado “culiacanazo”, como un acto de heroísmo en lugar de lo que fue: el peor desastre en un operativo de esa magnitud.

El presidente López no puede anunciar victoria ni avance alguno. Su informe es una suerte de posiciones contra enemigos imaginarios autoproclamados. No hay efecto benéfico sobre el país, la economía y el bienestar familiar de los mexicanos que dar a conocer, sino un actuar perverso en contra de anteriores políticas para desmembrar sus mecanismos. Pesa en el gobierno la “política del no” porque todavía no conocemos y sentimos en nuestra realidad cotidiana la “política del sí”: no hay visión ni política pública con qué sustituir lo que tanto se critica y es éste el principal problema, pues el presidente López sigue siendo “López Obrador” y no gobierno con una nueva institucionalidad que viva sin los destellos del hombre. El problema del gobierno federal es que sigue siendo “el gobierno del presidente”.

Por eso, quizás el principal mensaje presidencial sea ese, el pedir tiempo, el que se le conceda un lapso benigno y prodigioso para esbozar qué visión replantear y bajo qué fórmulas inyectar las inversiones para que la economía recupere su dinámica, la sociedad registre menores niveles de violencia e inseguridad y el país tenga un verdadero rostro humano.

El presidente López habla así de un “proceso de transición” en el que, en sus palabras, “Todavía lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer. Eso sí, no estamos simulando, está en marcha una nueva forma de hacer política, ya no es más de lo mismo, ahora nos regimos por la honestidad, la democracia y el humanismo”.

El balance presentado es un contrasentido que no deja de tener final preocupante: no estamos creciendo ni atendiendo la inseguridad que mina el poder del Estado y pervierte su institucionalidad histórica, pero estamos dejando de recaudar, repartiendo el dinero escaso entre el pueblo y anunciando proyectos en cuya idealidad quimérica no se encuentra un ápice de racionalidad.

ÚLTIMOS ARTÍCULOS