El pasado 11 de julio de 2025, Ovidio Guzmán López, hijo de “El Chapo”, admitió su responsabilidad en cargos federales de tráfico de drogas y crimen organizado en la Corte de Chicago.
Ovidio Guzmán reconoció haber liderado una estructura criminal del Cártel de Sinaloa y traficar fentanilo, cocaína, heroína y otras drogas hacia Estados Unidos.
Ingresó al proceso vistiendo el clásico overol naranja, esposado, y confesó padecer depresión; sin embargo, aseguró que su tratamiento no afectaba su declaración
Negociación clave con la fiscalía estadounidense
Se trata de un acuerdo de cooperación con la Fiscalía, donde Ovidio se compromete a colaborar activamente con información esencial sobre el cártel y círculos cercanos: corrupción, logística de tráfico, estructuras financieras, choques con otros narcotraficantes y posibles vínculos con redes.
A cambio, se espera una reducción significativa de su pena y un pago de al menos 80 millones de dólares.
Reacción y tensiones diplomáticas
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cuestionó públicamente el acuerdo, señalando una aparente “falta de coherencia” de EE. UU. al colaborar con miembros de cárteles tildados de terroristas.
El abogado de Ovidio respondió acusando al gobierno mexicano de corrupto y un negociador más que observador.
Impacto en la lucha antidrogas
Este caso marca un momento histórico: el primer Guzmán en declararse culpable en EE. UU., y su testimonio podría cambiar radicalmente la estrategia de combate al narcotráfico.
Sin embargo, analistas advierten que la colaboración también podría provocar una escalada de violencia en Sinaloa y fortalecer al Cártel Jalisco Nueva Generación.
Ovidio Guzmán ha optado por una estrategia de cooperación con la justicia estadounidense, confesando delitos graves y aceptando colaborar, a cambio de reducir la posible condena.
Su movimiento marca algo nuevo en la historia del cártel familiar, desata fricciones diplomáticas y abre una nueva fase en la lucha contra el narcotráfico.
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