No entraba el amor por la mente
llegaba pequeño por todos poros
hilvanados por el enamorado cuerpo
que con destellos y fibras distantes
multiplicaba el final de la red sensual
que acartonaba la sangre emocionada.
No era el amor declaración discursiva
pues llegaba de lejos convocado por el velo
que al trazar la noche vampiresa
ofrecía la simplicidad del deseo
por sobre la fuerza de los hombres
entregado al toque famélico del olor
ese delgado asesino colosal
que al dejar intacto el intelecto
las branquias inconscientes abren
y prende de los objetos su esencia
la mirra sexualizada de la vida y tomada
en cada frente obscenamente auscultado
ora la incandescencia del sólido moverse
la propuesta discreta de agua formándose
o la imparcialidad del respiro como queja
hecha aullido corrugado de algodón
como una miel sediciosa y maligna
que enaltece cualquier redondez
la de la naturaleza cohibida y torpe
la del espacio inoperante absorbido
la del tiempo indispuesto en su yerro.
Nunca fue un saber pensarlo y ya.
No fue un deletrearlo y darle tono.
No la epopeya ni la aventura.
Era atracción corriente de cuerpo que enamora.
Era vía cárnica que pone el juego verbal.
Será la vida perseguida por vasta tierra.
Cada amor es doncella para el cuerpo.
El cuerpo te narra y te hace porvenir.
Henos aquí en la no entrada del amor.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com














