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Nostalgia de todos los días

Vemos de frente
y a los lados y de arriba abajo
y acostumbramos la vida a una vista única con espacios habitados y conocidos.

Vemos futuro en el pasado
en sueños e indagamos por puertas secretas
y por espacios que resguardan verdaderas nostalgias cuyos trazos amueblan las incomodidades de la invención.

Las letras atrapan y dislocan mientras divorcian en sus escisiones las preguntas vitales por esos lugares esenciales, porque el alma no puede vivir estrecha sino en violenta realidad, en intimidad con las formas posibles.

Escribir. Darse un nombre o arrojarlo. Reflejarse en oraciones y sentencias. Vivir las frases. Adoptar canciones. Puro conjuro para descubrir la realidad, no la puerilidad individual y efímera, sino nostalgia por la telaraña de donde procede nuestra nostálgica ensoñación: mundos, cosmos, pueblos y naceres, idolatrías, patrias, matrias, tiempo anterior a todo lo vivido. Nuestra idólatra divinidad venida.

Dolor, llanto, elegía, humanizan cualquier estancia y momento y la convierten en memoria, presente insobornable, vivencia y caricia, pasión y anhelo.

Silencio, ruido inaudible, trama serena y ausente, voz sin sentido, serán expresiones ya nuestras. La palabra será leída bajo el riguroso silencio de su intérprete. Nos volcamos como en ritmo, grito de dentro, terrible necesidad de sentir. La explosión creadora que crea sus goznes y larva sobre daguerrotipos, único enlace de imagen, pensamiento, agotamiento del mito y renovación de lo sensible.

Por cierto, ayer renació el pálido encuentro con los silencios que buscan imprimirse en gotas expresivas y escribí tu nombre entre el destierro de parágrafos: la nostalgia de todos los días.

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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