La pobreza urbana, la falta de acceso a servicios básicos, la violencia y lo que considera un abandono institucional son algunos de los principales retos que enfrentan mujeres y familias en situación de vulnerabilidad en Puebla y otros municipios del estado.
Así lo señala María Cristina Chaco García, presidenta y cofundadora del Centro de Actividades y Apoyos para el Desarrollo y Bienestar Social (CAPDES), organización de la sociedad civil que desde hace poco más de dos años desarrolla jornadas comunitarias con especial atención en mujeres, niñas, niños y adolescentes.
La asociación tiene presencia principalmente en Puebla capital y Libres, dos territorios que, aunque forman parte del mismo estado, presentan problemáticas sociales diferentes.
Mujeres de Libres enfrentan barreras para participar plenamente
En el municipio de Libres, explica María Cristina Chaco, uno de los principales desafíos continúa siendo la participación de las mujeres en diferentes sectores de la vida social y económica.
Aunque reconoce que existen barreras que todavía permanecen, también observa un cambio generacional.
Cada vez más mujeres jóvenes han salido del municipio para estudiar y prepararse profesionalmente, una situación que, desde su perspectiva, abre nuevas posibilidades para mejorar sus condiciones de vida y contribuir al desarrollo de sus comunidades.
La presidenta de CAPDES considera que el reto consiste en acompañar este proceso y generar condiciones para que las mujeres puedan participar de manera equitativa e igualitaria en el desarrollo de sus municipios.
Puebla enfrenta una marcada pobreza urbana
En el caso de Puebla capital, la problemática adquiere otras dimensiones.
María Cristina Chaco identifica una marcada franja de pobreza urbana, particularmente en algunas zonas del norte y sur de la ciudad.
En estas comunidades, señala, existen servicios que no llegan con facilidad a las familias, por lo que las jornadas comunitarias buscan acercar alternativas gratuitas o de bajo costo.
Entre los servicios que CAPDES ha gestionado se encuentran cortes de cabello gratuitos, atención para la salud visual, acceso a lentes a precios reducidos, asesoría legal, acompañamiento psicológico y actividades recreativas para niñas y niños.
El objetivo no es únicamente atender una necesidad inmediata, sino contribuir a recuperar el tejido social.
Mujeres, economía y la posibilidad de salir de la violencia
Uno de los puntos centrales del trabajo de CAPDES es el vínculo entre autonomía económica y violencia de género.
María Cristina Chaco considera que cuando una mujer puede generar sus propios ingresos tiene mayores posibilidades de tomar decisiones sobre su vida y, en determinados casos, romper con situaciones de violencia, abandono o dependencia.
Por ello, considera que las políticas y programas dirigidos a mujeres no deberían limitarse a ofrecer capacitación o asesoría.
El verdadero desafío, sostiene, está en dar seguimiento y comprobar que esos servicios se traduzcan en cambios concretos.
“¿Cómo realmente hacer y medir que las mujeres realmente salgan de ese estado de violencia, de rezago y de maltrato?”, plantea.
Desde su perspectiva, la meta debe ser que las mujeres puedan alcanzar mayores niveles de libertad, autonomía e independencia, incluida la posibilidad de contar con ingresos propios.
El abandono institucional, una de las principales alertas
Desde la experiencia de la organización, uno de los factores que contribuyen a mantener las condiciones de vulnerabilidad es lo que María Cristina Chaco García identifica como abandono institucional.
A su juicio, las comunidades vulnerables requieren acompañamiento permanente y no únicamente atención durante coyunturas políticas o momentos específicos.
La problemática, explica, requiere instituciones y organizaciones capaces de permanecer en las comunidades para acompañar procesos de largo plazo.
Esto implica atención psicológica, capacitación, generación de ingresos y seguimiento de las mujeres que enfrentan situaciones de violencia o rezago social.

CAPDES busca medir el impacto de sus jornadas
Actualmente, la asociación trabaja en una nueva etapa de expansión de sus jornadas comunitarias.
La intención es regresar a comunidades que ya han sido atendidas para ofrecer servicios más integrales y, sobre todo, comenzar a medir el impacto de las intervenciones a mediano plazo.
Entre los servicios que CADDES busca incorporar se encuentran atención dental, salud bucal, fisioterapia y consultas médicas, además de los servicios que ya se ofrecen.
Para lograrlo, la organización considera fundamental ampliar su red de alianzas.
Universidades, empresas y organizaciones se suman
CADDES trabaja mediante alianzas con distintos sectores de la sociedad.
Actualmente cuenta, de acuerdo con su presidenta, con vínculos con otras organizaciones civiles de Puebla, Libres, Estado de México y Ciudad de México.
También forma parte de redes nacionales y estatales de asociaciones civiles y ha establecido colaboraciones con instituciones educativas, entre ellas Universidad Madero (UMAD) y Universidad Interamericana.
La iniciativa privada también forma parte de esta estrategia.
Para Chaco García, la colaboración entre organizaciones sociales, universidades, empresas e instituciones públicas puede generar soluciones más completas para las comunidades.
Las Casas Carmen Serdán: el reto está en el seguimiento
Respecto al modelo de las Casas Carmen Serdán, impulsado como parte de las políticas de atención a mujeres, la presidenta de CADDES considera que la metodología puede ser positiva y replicable.
Sin embargo, advierte que el elemento fundamental es el seguimiento.
No basta, señala, con ofrecer asesoría, capacitación o acompañamiento; es necesario evaluar si esos servicios realmente permiten que las mujeres modifiquen sus condiciones de vida.
La pregunta, desde su perspectiva, es qué ocurre después de recibir la atención y si las beneficiarias consiguen avanzar hacia una vida con mayor autonomía.
Los hombres también forman parte de la solución
Aunque las jornadas de CADDES tienen un enfoque especial en mujeres y sus hijos, la organización también trabaja con hombres.
Esposos, padres, hermanos y líderes comunitarios son incorporados a las actividades de sensibilización y concientización.
Chaco García considera que hablar de igualdad de género no puede significar excluir a los hombres del proceso.
En algunas comunidades, incluso, los liderazgos locales son ejercidos por hombres y, según relata, la organización ha encontrado apertura para dialogar sobre equidad, violencia y corresponsabilidad.
La apuesta es evitar una confrontación entre hombres y mujeres y entender que ambos forman parte tanto de la problemática como de la solución.
“Todos somos parte del problema y también de la solución”
Para María Cristina Chaco García, transformar las condiciones de vulnerabilidad requiere la participación de toda la sociedad.
Su llamado está dirigido a empresas, universidades, organizaciones civiles, instituciones públicas y ciudadanos que quieran construir alianzas.
“Mientras más puedas hacer alianzas, obviamente das un paso al frente para poder ayudar a nuestras comunidades”, señala.
Desde CADDES, la apuesta es continuar llevando servicios a las comunidades, fortalecer el acompañamiento a las mujeres y ampliar las alianzas que permitan que las jornadas comunitarias no sean únicamente una ayuda momentánea, sino el inicio de procesos de transformación.
Una mirada sorora hacia las comunidades
El trabajo comunitario, plantea Chaco García, parte de reconocer que detrás de cada necesidad existe una historia familiar y una realidad social que debe ser atendida de manera integral.
Para las mujeres, contar con acceso a servicios de salud, asesoría, apoyo psicológico, capacitación y oportunidades económicas puede representar un primer paso hacia una mayor autonomía.
Pero el reto va más allá.
La transformación social requiere acompañamiento, alianzas y continuidad para que las mujeres puedan avanzar hacia una vida más libre, independiente y con mayores oportunidades.
CAPDES A.C/PUEBLA
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