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“Mujer indígena en Puebla capital: la raíz que nos sostiene”

En Puebla, una ciudad reconocida por su arquitectura barroca, su mole y sus calles coloniales, late una riqueza más profunda: la voz, el trabajo y la presencia de las mujeres indígenas. No están en los márgenes ni en el pasado. Están aquí, en la ciudad, sosteniéndola con bordados, cuidando los mantos acuíferos, preservando la lengua, los sabores, las formas de vivir.

Ellas viven en La Resurrección, en San Miguel Canoa, en San Pablo Xochimehuacan, en La Cantera y Azumiatla. Están vendiendo memelas en la feria del barrio, cultivando plantas medicinales, enseñando náhuatl a sus hijos. Y aunque muchas veces no las vemos, su legado y su presencia inciden directamente en nuestra vida cotidiana.

📊 Puebla capital: donde la mujer indígena florece también en lo urbano

Puebla capital donde la mujer indígena florece
Imagen Gob MX

Puebla no es solo zona urbana o campo o sierra. La ciudad capital es hogar de más de 250 mil personas indígenas, de las cuales más de la mitad son mujeres. Y en todo el estado, son más de 542 mil mujeres las que se reconocen como indígenas, y 325 mil las que hablan una lengua originaria.

En comunidades como Resurrección, las mujeres tienen un rol activo en la defensa del agua, la organización de fiestas tradicionales, la elaboración de textiles y gastronomía que trascienden generaciones. De hecho, esta comunidad se distingue por organizar la famosa Feria de la Memela, un evento que no solo celebra la cocina indígena, sino también la resiliencia cultural de las mujeres que la preparan, la venden y la reinventan.

🌺 Tradición, lengua y territorio: custodias de la identidad

Las mujeres indígenas no solo viven en Puebla: la habitan con sentido ancestral. En sus manos, la ciudad es memoria. En sus palabras, la ciudad es lengua viva. Desde los bordados de San Gabriel Chilac que llegan al centro histórico, hasta los rituales que se realizan en Canoa o la Resurrección para cuidar los nacimientos de agua, su conocimiento trasciende lo simbólico: es práctico, sostenible, necesario.

Más de 28 mil mujeres en el estado son monolingües en su lengua originaria, y muchas de ellas viven en la zona periurbana de la capital. En su idioma se cuentan los días, se curan las dolencias, se crían los hijos y se canta a los dioses.

⚖️ Los retos: ser mujer, ser indígena, ser urbana

 Los retos ser mujer, ser indígena, ser urbana
Imagen Gobierno del Estado de Chihuahua

Pero no todo es celebración. Las mujeres indígenas enfrentan una doble y a veces triple discriminación: por su género, su origen étnico y su condición social. El 32.6 % ha reportado vivir discriminación por estas razones. Además:

• Más del 72 % vive en situación de pobreza.
• Solo el 5.1 % alcanza estudios superiores.
• El 62.8 % carece de seguridad social.
• Y el 41.3 % no completó la educación básica.

Estas cifras no son números. Son vidas. Son historias. Son las barreras que muchas mujeres indígenas deben superar a diario mientras caminan desde sus casas a los mercados, talleres, escuelas o tianguis.

🛠️ ¿Qué se está haciendo? ¿Y qué podemos hacer nosotras?

Desde el gobierno federal y estatal se han emprendido acciones como:

• Jornadas Violetas y de Servicios Integrales en juntas auxiliares.
• Foros de participación política como “Estamos listas para gobernar”.
• Casas de la Mujer Indígena (CAMI) que ofrecen atención en lengua originaria.
• Apoyos a cooperativas, economía social y premios como el Tecuixpo Ixcaxóchitl, que reconoce el liderazgo femenino indígena.

Imagen Gaceta UNAM

Pero también nosotras podemos ser parte del cambio desde lo cotidiano:

✅ Comprar directo a artesanas locales.
✅ Visitar y difundir ferias como la de la Memela o la del Maíz Nativo.
✅ Escuchar y aprender palabras en náhuatl, totonaco o mazateco.
✅ Promover espacios donde se reconozca la identidad indígena como parte de la ciudad, no como algo exótico o ajeno.
✅ Exigir políticas inclusivas en nuestras colonias, juntas auxiliares, escuelas y centros de trabajo.

No están lejos, están aquí

Las mujeres indígenas no están allá en la sierra solamente. Están aquí, en Puebla capital, haciendo nuestra ciudad más sabia, más sabrosa, más justa. Son nuestras vecinas, nuestras maestras, nuestras cocineras, nuestras curanderas, nuestras voces ancestrales en un mundo moderno que a veces olvida de dónde viene.

Y si hoy Puebla puede hablar de ser una ciudad multicultural, resiliente y vibrante, es porque ellas —con sus manos, su lengua y su historia— siguen sembrando futuro en cada esquina.

Imagen portada Codigo DH

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