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¡Mirarte!

Fue encontrar y definir

de la luna el fulgor con que aparece

y abrir con la ventana su astillero

sin rumbo ni destino.

Como si de esa nuca desde atrás

brotara el sol dejado caer

por quien llegó a casa tarde

por una lluvia desterrada.

Tal si acabara de beber

el reflejo su última agua

de su propio instinto que cae

sobre tumbas enamoradas del silencio.

Como el sobresalto que quema

al producir la sorpresa

en el firmamento interior

que sella el momento en que el día mira.

Era la palidez que acongoja

los días nublados porque Dios

intenta regalar a la humanidad

el mejor destello del momento.

Tal si terminara de absorber

la mariposa sus bucles entrecruzados

con el vuelo irritante

de quien deja caer un milagro.

El tramo que te hace verte en el vértigo

de la niñez que mañana

hará torcer al cielo para arrancarle

el impensado nombre secreto.

Fue tan alto y asombroso

como la majestad que se inclina

si parpadeas con las puntas del tiempo

que te hacen peregrina.

Como dueña de la inquisidora luz

que se amilana entre el cruzar de ojos

y la estela dejada rondar

los interiores patios del amor. Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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