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“¿Mi casa propia? El sueño postergado de toda una generación”

Comprar una casa ya no es el paso lógico después de la universidad ni el objetivo inmediato al formar una familia.

Para millones de jóvenes —y no tan jóvenes— en México, tener una vivienda propia se ha convertido en un privilegio difícil de alcanzar, incluso con trabajo estable y años de esfuerzo.

No se trata de falta de planeación. Se trata de un sistema que pone cuesta arriba lo más básico: un techo digno.

De acuerdo con el INEGI, el ingreso promedio mensual para personas entre 25 y 34 años es de apenas $8,696 pesos. Y con la inflación acumulada en los últimos años, ese ingreso vale menos. Mientras tanto, el precio promedio de una vivienda nueva ronda el millón y medio de pesos, según la Sociedad Hipotecaria Federal.

¿Entonces cómo aspirar a una casa sin herencias, sin red de apoyo o sin ingresos dobles? Los créditos del Infonavit —que en teoría son “sociales”— terminan costando el doble o el triple del valor real del inmueble. Y aunque existen opciones hipotecarias en la banca privada, sus condiciones siguen siendo excluyentes para buena parte de la población joven.

La frustración generacional es legítima. Y en ese panorama, es momento de empezar a hablar de otras formas de acceso a la vivienda:

  • Cohousing o vivienda colaborativa, donde varias personas o familias adquieren o rentan un terreno y construyen espacios privados y comunes.
  • Cooperativas habitacionales, que permiten comprar en conjunto para obtener mejores condiciones de financiamiento y uso del suelo.
  • Renta con opción a compra, modelo que permite rentar por años acumulando parte del monto como enganche para futura adquisición.

Ya hay iniciativas de ley que apuntan a estos modelos, pero cualquier esquema debe respetar la propiedad privada y proteger a quienes arrendan sin intención de vender.

Más allá de esquemas financieros, lo que debemos exigir como sociedad es claro:

  1. Políticas públicas que reconozcan la desigualdad generacional en el acceso a la vivienda, con incentivos reales para jóvenes emprendedores y trabajadores.
  2. Reformas que prioricen el acceso progresivo y no la deuda impagable.

Tener casa no debería sentirse como una fantasía. Es un derecho que necesita ser replanteado con urgencia, empatía y visión.

Cuando las mujeres lideran, ganamos todos.

Por: Edhalí Moreno

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