Entre montañas cubiertas de neblina, bosques siempre verdes y el murmullo constante del río, existe un rincón de Te Quiero Puebla que parece detenido en el tiempo. Se trata de Macuilquila, una pequeña comunidad serrana perteneciente al municipio de Tlatlauquitepec que, lejos de las rutas turísticas más conocidas, guarda algunos de los paisajes más sorprendentes de la Sierra Norte.
Por las mañanas suelen despertar envueltas en una ligera bruma de nubes que desciende de las montañas, mientras los caminos serpentean entre árboles, cafetales y ríos cristalinos. Para quienes buscan escapar del ruido de las ciudades, Macuilquila representa un refugio donde aún sobreviven las tradiciones, la tranquilidad y una conexión con la madre tierra.
Ubicación
Está situada aproximadamente a una hora de la cabecera municipal de Tlatlauquitepec, Macuilquila se encuentra cerca de la Presa de la Soledad y del río Apulco.El entorno está conformado por montañas cubiertas de vegetación, bosques húmedos, cascadas y senderos naturales que ofrecen panorámicas espectaculares durante todo el año. Su relativo aislamiento geográfico ha permitido que la comunidad conserve gran parte de su riqueza natural y cultural.
Herencia ancestral entre montañas
La historia de Macuilquila está estrechamente ligada a la de Tlatlauquitepec, una región con profundas raíces prehispánicas. El nombre de Macuilquila tiene origen en la lengua náhuatl, una de las expresiones culturales más importantes de la Sierra Norte de Puebla. Aunque el paso del tiempo ha transformado muchas costumbres, en diversas comunidades cercanas aún se escuchan palabras y expresiones en esta lengua ancestral, especialmente entre las generaciones mayores.
Mucho antes de la llegada de los españoles, estas tierras fueron habitadas por diversos grupos indígenas, entre ellos olmecas, toltecas, nahuas y posteriormente pueblos chichimecas. Con la colonización llegaron las encomiendas y las órdenes religiosas, particularmente los franciscanos, que dejaron una importante huella arquitectónica y cultural en toda la región.
Hoy, Macuilquila conserva esa mezcla única entre tradiciones indígenas y costumbres heredadas de la época colonial.
La Playita de Macuilquila: una playa entre montañas
Uno de los atractivos que más ha llamado la atención de visitantes en los últimos años es la llamada Playita de Macuilquila, un espacio natural ubicado en las cercanías del río Apulco y de la Presa de la Soledad.
El sitio nació gracias al esfuerzo de los propios habitantes, quienes encontraron en el turismo una oportunidad para compartir la belleza de su comunidad con viajeros provenientes de distintas partes de Puebla y del país.
Sus aguas tranquilas, rodeadas por montañas y vegetación abundante, crean una postal poco común: una especie de playa escondida en medio de la sierra.
Entre las actividades que pueden realizarse destacan:
Paseos en lancha.
Natación.
Senderismo.
Campismo.
Fotografía de naturaleza.
Observación de paisajes.
Además, varias familias de la comunidad participan ofreciendo alimentos, espacios recreativos y servicios turísticos que fortalecen la economía local.
Fe y tradición en el corazón de la sierra
Como ocurre en muchos pueblos serranos, la vida comunitaria de Macuilquila está profundamente vinculada a las celebraciones religiosas.
Muy cerca de la comunidad se encuentran algunos de los edificios históricos más importantes de la región. Destaca el Ex Convento de Santa María de la Asunción, construido por franciscanos en 1531 y reconocido por su arquitectura colonial y sus característicos arcos de cantera rosa.
También sobresale el Santuario del Señor de Huaxtla, considerado uno de los centros de devoción religiosa más importantes de la Sierra Norte poblana y cuya historia se remonta al siglo XVIII.
Sabores que cuentan historias
Visitar Macuilquila también significa descubrir los sabores tradicionales de la cocina serrana poblana. Entre los platillos más representativos de la región se encuentran los tlacoyos rellenos, el mole ranchero, los tamales de frijol y el tradicional chileatole. A ellos se suman carnes ahumadas, café artesanal de producción local, pan tradicional y vinos elaborados con frutas de la región.
En las inmediaciones de la playita, los visitantes pueden degustar comida preparada por habitantes de la comunidad, quienes conservan recetas transmitidas de generación en generación.
Un secreto que vale la pena descubrir
Macuilquila demuestra que algunos de los mayores tesoros de Puebla permanecen lejos de los circuitos turísticos tradicionales. Entre montañas cubiertas de neblina, ríos cristalinos y una cultura profundamente arraigada a sus orígenes, esta pequeña comunidad ofrece una experiencia distinta: la oportunidad de reconectar con la naturaleza y con un modo de vida más tranquilo.
Quienes llegan hasta este rincón de la Sierra Norte no solo encuentran paisajes impresionantes. Descubren también una comunidad orgullosa de sus raíces, donde el tiempo parece transcurrir al ritmo de la montaña y donde cada sendero conduce a una nueva historia por contar.
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