martes, abril 16, 2024
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Hijos y marido de vacaciones ¿este puente es realmente un descanso para nosotras?

Hoy me levanté con la energía típica de los domingos y puentes, lista para abordar todas esas tareas que mi ajetreada vida laboral no me deja completar durante la semana. Pero antes de dar el primer paso fuera de la cama, me detuve en una reflexión que parece rondar mi mente con frecuencia: el constante malabarismo que las mujeres hacemos entre el trabajo remunerado y las labores del hogar. Incluso en los días de descanso, como los puentes, el trabajo doméstico no cesa, especialmente para aquellas que son madres. Los niños de vacaciones significan más responsabilidades, más desayunos que preparar, más atención que brindar, convirtiendo lo que debería ser un descanso en una jornada igualmente agotadora.

Es inevitable notar la disparidad entre aquellos que cuentan con una red de apoyo y quienes no la tienen. ¿Cuántas mujeres realmente pueden permitirse dormir todo el día o disfrutar de un día de paseo sin preocupaciones? La respuesta es clara: solo aquellas que cuentan con esa red de apoyo, ya sea en forma de familiares, pareja o ayuda contratada. Aunque todas somos capaces y autosuficientes para mantenernos y sostener a nuestra familia, el tiempo para el autocuidado solo es posible cuando contamos con ese respaldo.

Incluso las mujeres solteras, que no tienen a nadie más que a sí mismas para depender, a menudo posponen tareas esenciales para el «día libre», como ir al supermercado, limpiar la casa o cocinar para la semana. Cosas que, aunque mundanas, son esenciales para nuestra supervivencia diaria. Y entonces me pregunto, ¿es realmente un día de descanso para nosotras?

Algunos podrían argumentar que los hombres enfrentan las mismas presiones, pero la realidad es que no es así. La mayoría de ellos tienen redes de apoyo mucho más cómodas. Ya sea a través de sus esposas, madres o incluso contratación de servicios, muchos hombres se liberan de las responsabilidades domésticas que caen sobre nosotras. Y aquellos que viven solos a menudo tienen sueldos más altos y, por ende, más recursos para contratar ayuda y evitar la fatiga.

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