En su segundo informe trimestral de 2025, el Banco de México (Banxico) revisó al alza su estimación de crecimiento económico para el año, ubicándola en 0.6% anual, frente al 0.1% proyectado en mayo. Este ajuste responde a un desempeño económico mejor al anticipado, especialmente en sectores terciarios y manufactureros, pese a la persistente debilidad en inversión fija y construcción, así como las presiones externas.
Para 2026, Banxico también elevó su expectativa de crecimiento del PIB a 1.1%, desde el 0.9% previo. Aunque el nuevo pronóstico sugiere una recuperación gradual, el banco central advierte que el entorno sigue marcado por incertidumbre externa, particularmente por las políticas económicas de Estados Unidos y la atonía en sectores clave como la construcción y el empleo formal.
Este panorama tiene implicaciones directas para el diseño del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2026. Un crecimiento proyectado de 1.1% implica una mayor base gravable y, por ende, una expectativa de ingresos públicos ligeramente superior. Sin embargo, el margen sigue siendo estrecho. La economía mexicana, aunque evita el escenario de recesión, continúa en una fase de bajo dinamismo, lo que limita el espacio fiscal para expansiones significativas del gasto.
Además, Banxico estima que la inflación alcanzará la meta puntual de 3% hacia el tercer trimestre de 2026. Este dato es clave para la planeación presupuestaria, ya que permite prever una menor presión sobre el gasto público indexado, como pensiones y transferencias. No obstante, la persistencia de la informalidad laboral y la debilidad en la inversión podrían exigir mayores asignaciones en programas sociales y de reactivación económica.
En términos de empleo, se anticipa la creación de entre 260 mil y 460 mil puestos formales en 2026. Aunque esta cifra mejora respecto a 2025, sigue siendo insuficiente para revertir las tendencias estructurales del mercado laboral. Esto podría traducirse en una presión adicional sobre el gasto en salud, educación y subsidios.
En suma, el ajuste al alza en las proyecciones de Banxico ofrece un respiro técnico para la planeación presupuestaria de 2026, pero no elimina los desafíos estructurales. El PEF deberá equilibrar prudencia fiscal con medidas contracíclicas, priorizando inversión pública eficiente, fortalecimiento institucional y protección social focalizada. La clave estará en traducir expectativas moderadas en decisiones estratégicas que impulsen un crecimiento más inclusivo y sostenido.
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