Dicen los que Saben que, aunque para muchos parezca increíble, el PRI todavía tiene señales de vida política.
Al menos así se dejó ver tras la elección de este domingo en Coahuila, donde el tricolor logró un resultado que recordó sus mejores épocas y volvió a colocarse en el centro de la conversación nacional.
El mapa electoral coahuilense volvió a pintarse de rojo y dejó varias lecturas para quienes ya daban por terminado al partido que durante décadas dominó la política mexicana.
La primera conclusión es evidente: Morena no es invencible.
La fuerza política que gobierna el país también puede ser derrotada cuando enfrenta estructuras locales sólidas, liderazgos consolidados y una estrategia electoral efectiva.
Para muchos analistas, uno de los factores que ayudó al PRI fue el respaldo político y territorial que mantiene el gobierno estatal, una condición que difícilmente puede ignorarse al momento de analizar los resultados.
Ahí podría encontrarse una de las claves de la victoria y, al mismo tiempo, una de las principales interrogantes rumbo a los próximos procesos electorales.
La gran pregunta es si esa fórmula puede replicarse en 2027.
En entidades como Puebla, donde el PRI ha perdido terreno durante los últimos años y hoy parece más un recuerdo de su pasado que una fuerza competitiva, el desafío luce considerablemente más complejo.
Sin embargo, aún está por verse si la oposición tiene la estructura, los liderazgos y la capacidad para convertir casos aislados en una verdadera alternativa electoral.
Porque una victoria local puede convertirse en una anécdota… o en el primer aviso de que la contienda rumbo a 2027 está lejos de estar definida ¿O no?
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