El envejecimiento también tiene perspectiva de género.
Cada 1 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Personas Mayores, una fecha que invita a reconocer las aportaciones de quienes han construido familias, comunidades y sociedades, pero también a reflexionar sobre las condiciones en las que llegan a esta etapa de la vida.
En México, hablar de envejecimiento implica hablar de mujeres.
Los datos más recientes del INEGI, publicados en septiembre de 2026 con información correspondiente a 2024, muestran que en el país había 17.7 millones de personas de 60 años y más. De ellas, 53.2% eran mujeres, frente a 46.8% de hombres. (INEGI)
Es decir, las mujeres son mayoría entre la población adulta mayor. Sin embargo, llegar a una edad avanzada no significa hacerlo bajo las mismas condiciones que los hombres.

Día de las Personas Mayores
Uno de los grandes retos del envejecimiento femenino está relacionado con el trabajo no remunerado que históricamente han realizado las mujeres.
La ENASEM 2024 encontró que 43.8% de las mujeres de 50 años y más cuidaba a menores de 12 años o a personas adultas enfermas o con alguna discapacidad, frente a 25.1% de los hombres. (INEGI)
Esto significa que para muchas mujeres el paso hacia la vejez no necesariamente representa el fin de las responsabilidades de cuidado. Por el contrario, pueden continuar cuidando a nietas, nietos, parejas, familiares enfermos o personas con discapacidad.
Los datos generales de la ENUT 2024 también muestran la dimensión de esta desigualdad: las mujeres destinaban en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, frente a 18.2 horas de los hombres. (Snieg)
El resultado es una pregunta que va más allá de las cifras: ¿quién cuida a las mujeres que durante décadas cuidaron a los demás?
Menor participación económica
La autonomía económica constituye otro de los grandes desafíos.
De acuerdo con el INEGI, en 2024 solamente 17.6% de las mujeres adultas mayores estaba ocupada en alguna actividad económica, mientras que entre los hombres de 60 años y más la proporción fue de 45.7%. (INEGI)
La diferencia está relacionada con trayectorias laborales distintas y con una histórica distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados.
Para muchas mujeres, años dedicados al hogar o a cuidados no remunerados significaron menos oportunidades de generar ingresos propios, cotizar para una pensión o acumular derechos laborales.
El propio CONEVAL ha señalado que la menor participación de las mujeres en empleos remunerados y su mayor dedicación a las labores domésticas y de cuidados pueden tener consecuencias en el acceso a prestaciones de seguridad social, pensiones e ingresos. (CONEVAL)
Viudez: otra brecha que se hace visible
El envejecimiento también está atravesado por la situación familiar.
La ENASEM 2024 reportó que 22.6% de las mujeres de 50 años y más era viuda, frente a 7.3% de los hombres. (INEGI)
Además, entre las mujeres de este grupo de edad, solamente 58.4% estaba casada o en unión libre, frente a 78.8% de los hombres.
La viudez puede tener implicaciones económicas y sociales, particularmente cuando una mujer depende o dependió durante gran parte de su vida de los ingresos de su pareja.
Salud: vivir más también debe significar vivir mejor
El envejecimiento femenino también plantea importantes desafíos de salud.
En 2024, 56.2% de las mujeres de 60 años y más tenía diagnóstico de hipertensión, frente a 40.6% de los hombres de la misma edad. (INEGI)
En el caso de la diabetes, 29.7% de las mujeres de 60 años y más tenía este diagnóstico, frente a 25.2% de los hombres.
Además, 12.4% de las mujeres de 50 años y más reportó al menos una limitación para realizar actividades instrumentales de la vida diaria, como hacer compras, preparar alimentos o manejar dinero; entre los hombres el porcentaje fue de 5.8%.
Estos datos evidencian la importancia de que la atención a las mujeres mayores no se limite a aumentar su esperanza de vida, sino que contemple prevención, autonomía, salud física y mental, movilidad y calidad de vida.

También existe una brecha emocional
La salud emocional merece una mirada particular.
En 2024, 33.1% de las mujeres de 50 años y más presentó cinco o más síntomas depresivos, frente a 17.1% de los hombres. Aunque el indicador femenino disminuyó respecto de 2012, cuando era de 41.2%, la diferencia entre mujeres y hombres continuó siendo considerable.
El dato no debe interpretarse como una característica inevitable del envejecimiento femenino, sino como una señal de la importancia de fortalecer las redes de apoyo, la autonomía, la atención psicológica y la participación social de las mujeres mayores.
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