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De ese modo me besaba

Delante de uno nada era ni aire.
Uno cifraba con el pasto su olor.
Era como árbol cubierto de escamas
moviéndose entre oleaje verde.

Uno araba escombros y alambres
y tejía hilos invisibles más allá
en espera que todo la hiciera mover
al menos un rincón del alma.

El mejor espíritu era su presa
y el oportuno observador se relamía
entre lograr mirarla directo a los ojos
o perder entre el destello de abstenerse.

¡Cuán difícil estar ahí y respirar!
Cuando logré levantar la mirada
había perdido todo rastro y seña
y apenas recordaba su esencia fugada.

El sueño la recuperó y sonreí.
Indescriptible con el sol en mano
y soberana del amor y del velo
que deambulaba y rozaba pupilas.

Recordé que la belleza inexplicable es
y nunca puede verse ni admirarse
pues se siente así en el abstracto
de cada silencio en el nauseabundo ruido.

En la única mirada ya partía.
Al voltear miré su aroma y me castigó
tal agua amarinada en busca de espejo
aquella pasión hecha deseo y cuerpo.

Yo había desaparecido y no sabía de mí.
Ya buscaba con la compañía la luna
y era un vaivén sin respirar lleno de sal
absorto y cubierto de olor del mar.

Solo ese aroma tropezó una vez.
Era para siempre mía. Era la roca.
Tantas veces sentí esa dureza tierna.
Supe que de ese modo me besaba.

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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