De silencios y animadversión objeto
o de morbo y lascivia
el cuerpo enamorado no es de este mundo
Pertenece a los bochornos del sol
que incautan la noche al rostro lunar
haciéndola peregrina de sí
Renace de cósmicos pensamientos
que lo perfilan obnubilados
de piedra y crepuscular lodo
Subvierte obediencia y maldad
cambiándolas por las cortinas
que del mundo separan sed y risa
Nace de moralejas de infieles
bañado con la escultura de Venus
y soñado por el camino paradisíaco
como el agua tras el audaz velero
que inyecta veleidad a sus profundidades
para hacerse placentero al tacto
o el viento que sigue la llama
en búsqueda de vacilante vocación
por lo absurdo que es divinidad absoluta
o lo bello que aspira a ser mirado
y poseído eternamente en abstracto
bajo la calma de una respiración.
Y en cada uno de ellos consta alternativa:
la de fundirse con el adversario
o bosquejarse como premio del universo.
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