En el inefable e invisible prender luces de ensoñación en que el día hace nido dominante para asentarse en repentina noche
cuando al movimiento del silencio acude presurosa la invitación al nacimiento del eterno erosionar emocional
origen de todo fuego y de nostalgia absoluta de soledad y oscuridad luminosa
conocimos el oscilar al mundo
con la entrega humeante de los sexos que reverberan las piedras
al imitar el orgullo del volcán frente a la tierra serena de la abnegación.
Coincidimos en aquella narrativa entre maderos ansiosos y noveles
frotándose mundo a mundo de pie y a cuestas sobre hormigones de algodón o hierbas en vía de exaltar las inmensidades al vernos las espaldas afiebradas
sin saber que ese rozar primitivo y noble era la creación de fuego
y el olvido momentáneo de la destreza oscura que faculta a la imaginación
hija de dioses y signos e historias en que el mito es soberano entendimiento
sin poder apenas hablar sino para asombrarnos y dar paso al mundo
donde la llama vacilante y próxima a apagarse por un desconsiderado aire
lejos de la luz que ilumina la piel y la hace transparente
no la deja ver sino la hace intimidad bienhechora previa al cosmos más lejano
sin imaginar que de un nosotros el mundo del calor nacería
que penetra la piel amorosa
germen y depósito de ritos y manos al hacerla cómplice
hija adoptiva del fiero trueno que fatiga el cielo pero no lo dispone de energía
esencial escuela de jadeos y gemidos haciendo el cuento de la amorosa.
Provenimos de ese ir y venir de rieles y transfixión
del latir sediento de prolongar el día entre máquinas que consumen
las energías humanas para dar vida al estirón luminoso que consume polvo
y estelas de astros que encuentran entre piernas abiertas los fuegos
y en la casualidad extendida de piel el punto que señala la viscosidad creadora.
Ayer con el manto natural de estrellas hicimos el fuego abrazador.
Hoy piel bajo es el calor corporal quien inventa las pasiones de los planetas.
Mañana es un hoy que del cuerpo regresa a su historia selvática que mata el tedio y los trajes de la piel masacrada por esa inocencia de convertirnos en humanos
creadores del fuego que de vientre y árbol hacen del primer mundo amor.
Mi correo de es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

















