Nacer es acontecimiento: inauguración de la búsqueda de cómo enamorar el tiempo.
Se existe y se mira para tocar y caminar descalzo avenidas y veredas y pensar confines.
La realidad de afuera se unta y nos unta como nueva piel que se adhiere a la carne.
La historia abultada con bostezo yace ahí y se olvida, el alma la desecha, se vuelve querencia, arrogante pasado que determina y discrimina, misterio.
Ir a su regreso para adaptarnos y estar en sucesión con la sucesión de vida y su realización creadora que fue, mostró, hizo historia.
Nuestro presente se extraña, resulta en su inocencia despojo, fruto inmaduro, raíz sin tierra, nombre sin significado, mala yerba.
Aquella nostalgia del tiempo perdido que somos llama a rastrearlo, tal si plaza hueca, escenario imaginado, tonto recorrer.
Recuperamos la palabra sagrada en su operación, viva y en latencia fulgurante, referida a acciones que fueron y siguen un curso, en nuestro curso, proyectadas como resurrecciones, infinidades, recurrencias.
Llegan ecos de acciones puras, inconcebibles iluminaciones, coherencias liberadoras y polvos para crear.
El primer instante de nuestro mundo hunde garras en la desaseada historia para sacarle jugo y nombrar lo que fuimos, lo que somos en este tiempo incertidumbre, lo que seremos en el anhelo de un sol que secará lágrimas.
En esta posada inerme quedamos inertes.
Con lenguaje sagrado buscamos escribir al hacer vestido diario y opinar de las cosas que desconocemos en los lugares dejados de pisar. Somos fantasmas de nosotros.
Nos vemos y miramos enamorar el tiempo. No sabemos cómo.
Al leer nos leemos las manos y atraemos del mundo que ya fue la estrategia para decirle al mundo en devenir cómo enamorar el tiempo.
Mi estrategia es el recuerdo de lo que vendrá mañana.
La tumba que vio mi alma es mensajera del día de hoy.
El mañana obra en mi letra y en mis palabras con las que deseo cada reencuentro.
Los sueños bañan ayeres y regurgitan los puntos de las íes.
Cada atardecer el mioma de luna y crepúsculo derruido.
Nos bañamos con agua que perdió fe y se dejó arrastrar momentánea.
Pero el amor y el odio nos regresa a los hombres.
Ahí sí que todo recupera fiereza y crueldad.
¿Habrá tenido holgura de iluminación el hombre cuando nació?
¿Sus deseos lavan la carne o es ésta la que oprime lo sagrado?
¿Qué estrategia enamorará mi tiempo perdido?
Ya espacios cruzan corazón dentro y abren la imposible levedad sagrada.
Me enamoro y cruzo en tiempo entre valles y estrategias que renacen.
Duele de nuevo mi nacimiento y el fuego de la redención enamorada.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com
















