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Mujeres en la Universidad Nacional de México: estudiar también fue romper con los estereotipos

En 1910 las mujeres ya podían ingresar a escuelas profesionales, pero los prejuicios sociales limitaron su acceso a la educación superior.

En 1910, cuando se inauguró oficialmente la Universidad Nacional de México, las mujeres ya tenían la posibilidad de ingresar a las escuelas profesionales. Sin embargo, que una puerta estuviera abierta no significaba que fuera sencillo atravesarla.

La Universidad Nacional de México fue inaugurada oficialmente el 22 de septiembre de 1910, como uno de los proyectos educativos más importantes del país.

En ese momento, se facultó expresamente a las mujeres para ingresar a las escuelas profesionales; sin embargo, fueron pocas las que se atrevieron a realizar estudios superiores.

La razón no estaba únicamente en las posibilidades de acceso. También pesaba el arraigo cultural de la época. Para muchas mujeres, dedicarse a una profesión podía significar desafiar las expectativas sociales que durante generaciones habían relacionado su vida principalmente con el matrimonio, la maternidad y el cuidado del hogar.

La educación femenina había avanzado, pero seguía existiendo una diferencia entre tener permitido estudiar y sentirse socialmente autorizada para hacerlo.

Cuando estudiar significaba ir contra lo establecido

La elección de las profesiones que realizaban las mujeres estaba relacionada con los papeles que la sociedad les asignaba.

La enseñanza, por ejemplo, se convirtió en uno de los espacios profesionales con mayor presencia femenina, pues se consideraba compatible con las características y responsabilidades que tradicionalmente se atribuían a las mujeres.

Aun así, algunas decidieron apartarse de ese modelo.

La escuela comenzó a convertirse para ellas no solamente en un espacio de aprendizaje, sino también en una posibilidad para prepararse para el trabajo y construir una vida profesional. Así aumentó el número de maestras y, aunque en menor cantidad, también comenzaron a aparecer mujeres graduadas de carreras como Derecho, Medicina y Odontología.

Estas primeras profesionistas tuvieron que abrirse camino en espacios que durante mucho tiempo habían sido considerados exclusivamente masculinos.

Margarita Chorné: una mujer que abrió camino

Antes incluso de la inauguración de la Universidad Nacional de México, algunas mujeres ya habían conseguido ingresar a profesiones que parecían reservadas para los hombres.

Un ejemplo fue Margarita Chorné y Salazar, quien el 20 de enero de 1886 presentó su examen profesional como cirujana dentista. Su logro la convirtió en la primera mujer en obtener un título profesional en una profesión en toda Latinoamérica.

Su caso resulta significativo porque ocurrió décadas antes de que las mujeres pudieran acceder a muchas otras áreas profesionales con mayor normalidad.

MUJERES

Un año después, el 24 de agosto de 1887, Matilde Montoya obtuvo su título de doctora en Medicina. Su logro también representó un momento importante para la educación profesional de las mexicanas.

Un cronista de la época describió a Montoya como “la primera damita mexicana que ha concluido una carrera científica”, una expresión que actualmente permite observar también los prejuicios y la manera en que se concebía a las mujeres que decidían dedicarse a la ciencia.

Una universidad abierta, pero una sociedad que todavía ponía límites

La historia de las mujeres en la educación superior mexicana muestra una contradicción importante: el acceso institucional podía avanzar más rápido que el cambio cultural.

Aunque en 1910 las mujeres ya estaban facultadas para ingresar a las escuelas profesionales, todavía existían ideas profundamente arraigadas sobre cuál debía ser su lugar dentro de la sociedad.

Por ello, cada mujer que decidía estudiar una carrera profesional no solamente estaba tomando una decisión académica. En muchos casos, estaba cuestionando una expectativa social.

Las primeras universitarias tuvieron que abrirse espacio en aulas, profesiones y ambientes laborales donde su presencia todavía era poco común. Su participación ayudó a que, paulatinamente, otras mujeres encontraran en la educación una alternativa para desarrollarse más allá de los roles tradicionales.

De las primeras profesionistas a las universidades actuales

Más de un siglo después, la presencia de las mujeres en las instituciones de educación superior es una realidad cotidiana. Las aulas universitarias dejaron de ser un espacio excepcional para ellas y hoy participan en prácticamente todas las áreas profesionales.

Pero recordar cómo comenzó este proceso permite entender que la igualdad educativa no ocurrió de un día para otro.

La historia de Margarita Chorné, Matilde Montoya y de aquellas mujeres que se atrevieron a estudiar durante los primeros años de la Universidad Nacional de México muestra que el acceso a la educación también ha sido una lucha contra las ideas que limitaban las posibilidades de las mujeres.

En 1910 se abrió formalmente una puerta; fueron las mujeres que decidieron cruzarla, incluso frente a los prejuicios de su época, quienes comenzaron a transformar lo que significaba ser estudiante y profesionista en México.

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