En retroceso la actitud manifacturera
En junio de 2026, los mexicanos requirieron un ingreso mensual de 4,888 pesos por persona para cubrir el costo de la canasta básica de alimentos, bienes y servicios en las zonas urbanas del país, de acuerdo con las Líneas de Pobreza por Ingresos publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Esta cifra refleja el monto mínimo necesario para satisfacer las necesidades esenciales de consumo y constituye un referente para medir el poder adquisitivo de los hogares frente a la evolución de los precios.
Los datos también muestran que el costo de la canasta básica mantuvo un crecimiento por encima de la inflación general. Mientras que en junio el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un incremento anual de 3.4%, el costo de la canasta básica aumentó 3.9% respecto al mismo mes del año anterior. Esta diferencia implica que los productos y servicios indispensables para la vida cotidiana continúan encareciéndose a un ritmo mayor que el promedio de los bienes y servicios que integran la inflación nacional.
El comportamiento resulta especialmente relevante para los hogares de menores ingresos, ya que destinan una mayor proporción de sus recursos a la compra de alimentos y otros bienes esenciales. En este contexto, aunque la inflación general se mantiene dentro de niveles relativamente moderados, el aumento más acelerado de la canasta básica representa una presión adicional sobre la capacidad de compra de millones de familias.
La evolución de estos indicadores también coincide con un entorno económico en el que algunos sectores productivos continúan mostrando señales de debilidad. De acuerdo con información del INEGI, durante mayo de 2026 el empleo en el sector manufacturero prolongó su lento, pero consistente retroceso. En comparación con abril, el personal ocupado disminuyó 0.1%, mientras que en su comparación anual registró una contracción de 2.1%.
La combinación de un mayor costo de la canasta básica con un mercado laboral manufacturero que continúa perdiendo dinamismo plantea desafíos para el consumo interno. La manufactura es uno de los principales generadores de empleo formal en el país, por lo que una reducción sostenida en la plantilla laboral puede traducirse en menores ingresos para miles de familias y en una mayor dificultad para enfrentar el incremento en el costo de los bienes indispensables.
En este escenario, la evolución de la inflación, del costo de la canasta básica y del empleo manufacturero será determinante para evaluar el comportamiento del poder adquisitivo de los hogares durante la segunda mitad del año. Si bien el avance del INPC permanece contenido, el mayor encarecimiento de los productos esenciales y la pérdida gradual de empleos en la industria manufacturera evidencian que persisten retos para mejorar las condiciones económicas de una parte importante de la población mexicana.
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