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Pensiones en México y el futuro incierto de los jóvenes que inician la vida laboral trabajar en 2026

Especialistas advierten que el sistema pensionario enfrenta desafíos que podrían convertir el retiro en una de las próximas crisis de México.

La próxima crisis de México podría no ser fiscal, sino de retiro; durante décadas, solo nos ocupamos de trabajar, cotizar y recibir una pensión suficiente para vivir dignamente en la vejez.

Sin embargo, el sistema pensionario mexicano ha experimentado transformaciones profundas que han cambiado radicalmente las expectativas de retiro de millones de trabajadores.

Hoy conviven tres generaciones con realidades completamente distintas: quienes se pensionarán bajo la Ley 73, quienes pertenecen al esquema de cuentas individuales de la Ley 97 y los jóvenes que inician su vida laboral en 2026, quienes enfrentarán un escenario aún más complejo.

 La generación privilegiada: Ley 73

Los trabajadores que comenzaron a cotizar ante el IMSS antes del 1 de julio de 1997 pertenecen al régimen de la Ley del Seguro Social de 1973.

Este sistema funciona bajo un esquema de beneficio definido; es decir, la pensión se calcula con base en el salario promedio de los últimos años de trabajo, las semanas cotizadas y la edad de retiro.

La principal ventaja es que el Estado garantiza una pensión vitalicia; el riesgo financiero no recae en el trabajador sino en el sistema público.

Por ello, muchos pensionados de Ley 73 reciben montos superiores a los que obtendrían bajo el sistema actual, incluso sin haber acumulado grandes ahorros durante su vida laboral.

 El cambio: Ley 97

A partir del 1 de julio de 1997 entró en vigor una reforma estructural que transformó completamente el sistema pensionario mexicano.

Nació el modelo de cuentas individuales administradas por las AFORE. En este esquema cada trabajador ahorra para su propio retiro y la pensión dependerá de:

  • Las aportaciones realizadas.
  • Los rendimientos obtenidos.
  • Los años de cotización.
  • La edad de retiro.

El Estado dejó de garantizar una pensión basada en el último salario y trasladó gran parte del riesgo al trabajador.

No obstante en el año 2020, se aprobó una reforma que elevó gradualmente las aportaciones patronales y redujo las semanas requeridas para pensionarse.

Posteriormente, en 2024 se creó el Fondo de Pensiones para el Bienestar, cuyo objetivo es complementar las pensiones de trabajadores del IMSS e ISSSTE que se jubilen bajo el esquema de cuentas individuales y cuyos ingresos sean iguales o inferiores al salario promedio nacional.

La administración federal sostiene que este mecanismo busca corregir las bajas pensiones generadas por el sistema de AFORE y fortalecer la protección social de los futuros jubilados.

Lo que sucederá con un joven de 20  o 25  años que inicia su vida laboral en este 2026 dependerá principalmente de su capacidad de ahorro.

A diferencia de los trabajadores de Ley 73, esta generación no contará con una pensión garantizada basada en su salario final.

Su retiro dependerá de factores como:

  • Continuidad laboral.
  • Nivel salarial.
  • Años de cotización efectiva.
  • Rendimientos de su AFORE.
  • Ahorro voluntario.
  • Edad de retiro.

Si las tendencias actuales continúan, muchos trabajadores que hoy tienen entre 18 y 30 años podrían depender de una combinación de cinco fuentes de ingreso:

  • Pensión derivada de su cuenta individual.
  • Ahorro voluntario acumulado durante décadas.
  • Inversiones personales.
  • Patrimonio inmobiliario.
  • Programas sociales para adultos mayores.

Existen medidas recientes orientadas a mejorar las pensiones futuras, como el incremento de aportaciones patronales y el Fondo de Pensiones para el Bienestar sin embargo, aún persisten desafíos estructurales:

  • Envejecimiento acelerado de la población.
  • Baja densidad de cotización.
  • Elevada informalidad laboral.
  • Escasa cultura de ahorro para el retiro.
  • Presiones fiscales futuras.

Los jóvenes que comienzan a trabajar en 2026, tendrán que asumir que su calidad de vida en la vejez dependerá, en gran medida, de las decisiones financieras que tomen desde ahora.

El reto  para México no es solamente cómo pagar las pensiones actuales, sino cómo evitar que dentro de 30 o 40 años surja una generación de adultos mayores que, después de toda una vida de trabajo, descubra que su ahorro para el retiro no es suficiente para vivir con dignidad.

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