En el futbol mexicano hay historias que parecen imposibles hasta que suceden.
La de Joel Huiqui entra en esa categoría.
Hace apenas unas semanas dirigía al equipo Sub-21 de Cruz Azul.
Hoy, con apenas siete partidos en Primera División, ya levantó un campeonato de Liga MX y devolvió a la afición cementera la ilusión de una nueva era.
La décima estrella no sólo representa un título más para La Máquina. También simboliza una revancha emocional para un hombre que vivió desde dentro algunas de las épocas más dolorosas del club.
Joel Huiqui: el técnico inesperado que terminó haciendo historia
Cuando la directiva decidió despedir de manera fulminante al argentino Nicolás Larcamón tras una racha de nueve partidos sin ganar, pocos imaginaban que la solución estaba dentro de casa.
Joel Huiqui tomó el equipo en uno de los escenarios más complicados posibles: una liguilla, un vestidor golpeado y una afición cansada de quedarse cerca.
Pero el exdefensor encontró algo que muchas veces pesa más que cualquier sistema táctico: conexión emocional con el club.
Porque Huiqui no llegó como un entrenador externo ni como una apuesta mediática. Llegó como alguien que conoce cada rincón de Cruz Azul.
Del Cruz Azul Hidalgo a campeón de Liga MX
La historia de Huiqui con Cruz Azul comenzó mucho antes de los reflectores.
Pasó por fuerzas básicas, por el desaparecido Cruz Azul Hidalgo —equipo que jugaba a unos metros de la histórica cementera—.
Y posteriormente debutó en Primera División en 2003.
Aunque tuvo un paso a préstamo con Pachuca, regresó rápidamente a la institución celeste, donde se convirtió en uno de los futbolistas más representativos de aquella generación marcada por las finales perdidas.
Y ahí está uno de los puntos más poderosos de esta historia: Huiqui conoce el dolor de Cruz Azul.
Vivió la larga sequía de títulos. Las derrotas en finales. Las lesiones que lo alejaron de momentos importantes.
El subcampeonato contra Santos Laguna y Toluca en 2008. La caída frente a Monterrey en 2009 desde el banquillo.
Quizá por eso el campeonato conseguido ante Pumas UNAM tiene un peso distinto.
No se trata únicamente de un entrenador campeón.
Se trata de alguien que atravesó las peores heridas del club y ahora termina liderando uno de sus momentos más emocionantes.
Siete partidos que cambiaron todo
La estadística parece absurda: siete partidos dirigidos en Primera División y un campeonato de Liga MX.
En ese corto trayecto, Huiqui eliminó al Atlas, dejó fuera a las favoritas Chivas y finalmente venció 1-2 a Pumas en la gran final para darle a Cruz Azul su décima estrella.
Pero más allá de los números, lo que más llamó la atención fue la transformación anímica del equipo.
Cruz Azul dejó de parecer un conjunto bloqueado emocionalmente y volvió a jugar con intensidad, orden y convicción.
En un futbol obsesionado con proyectos millonarios, entrenadores extranjeros y procesos larguísimos, Huiqui apareció como una excepción inesperada.
Alguien formado dentro del club que entendió el momento emocional exacto que necesitaba el equipo.
Joel Huiqui: “Mi sueño está cumplido”
Tras conquistar el título, Joel Huiqui no ocultó la emoción.
“El presidente lo mencionó, que le gustaría que me quedara y me encantaría. Sólo hay que hacerlo oficial”, declaró en conferencia de prensa.
“Me encantaría quedarme. Mi sueño está cumplido. He tenido grandes momentos como jugador y como técnico”.
Las palabras no son menores.
Porque durante años Huiqui fue visto como un hombre institucional, trabajador y discreto, pero nunca como una figura mediática destinada a dirigir al primer equipo.
Hoy, el panorama cambió por completo.
¿Puede comenzar una nueva era en Cruz Azul?
El gran reto ahora será comprobar si lo ocurrido fue una hazaña emocional de corto plazo o el inicio de un proyecto sólido.
La directiva encabezada por Víctor Velázquez parece convencida de darle continuidad, especialmente después de cumplir la exigencia más importante: ganar el Clausura 2026.
Y Huiqui ya dejó claro cuál es el siguiente objetivo: ir por el bicampeonato y buscar la undécima estrella.
En un futbol mexicano donde las oportunidades para técnicos jóvenes suelen durar poco, la historia de Joel Huiqui también abre una conversación interesante sobre la confianza en entrenadores formados desde las entrañas de los clubes.
Porque a veces, la solución no estaba afuera.
Estaba en casa.
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