Se ha comentado el hecho de que al inicio de un nuevo gobierno federal se ha presentado (sucedió por ejemplo en el periodo de Enrique Peña) durante el primer año una situación de desaceleración económica o estancamiento debido, entre otros factores, a la confluencia de subejercicios del gasto público, baja en el consumo de los hogares y una inversión privada prácticamente estancada en espera de observar las habilidades y tendencias gubernamentales.
Desde hace meses México vive una situación similar y es el comienzo de un gobierno federal (casi un año). Ahora el país atraviesa una emergencia económica que se vive como estancamiento. El debate ahora está en si 2020 traerá una profundización de la desaceleración o veremos el inicio de la recuperación.
Las circunstancias económicas se deterioran aún más. El INEGI dio a conocer (6 de noviembre de 2019) el indicador mensual de la inversión fija bruta, el cual mide la incorporación de maquinaria y equipo de transporte de origen nacional e importado, así como la actividad de la industria de la construcción.
Para el mes de agosto, la inversión fija bruta aumentó en términos reales 1.5% con respecto al mes inmediato anterior, con cifras desestacionalizadas. Los gastos en el sector de la construcción se incrementaron 3.6% y los efectuados en maquinaria y equipo total 1.1% en comparación con julio de este año.
Empero, en su comparación anual, la inversión fija bruta volvió a caer -3.3% en términos reales en el mes de agosto respecto al mismo mes de 2018. En cuanto a los gastos en maquinaria y equipo total éstos disminuyeron -7.8%, mientras que los realizados en construcción lograron apenas avanzar 0.2% con relación a los de igual mes de 2018, con series desestacionalizadas.
Por otro lado, el indicador mensual del consumo privado en el mercado interior (IMCPMI), que muestra el comportamiento del gasto realizado por los hogares en bienes y servicios de consumo, tanto de origen nacional como importado, a fin de dar seguimiento en forma mensual al componente más significativo del PIB por el lado de la demanda, registró (INEGI, 8 de noviembre de 2019) una disminución de -0.3% durante agosto de 2019 en comparación con el mes inmediato anterior, con cifras desestacionalizadas. Por componentes, el consumo en bienes de origen importado se redujo -4.1%, en tanto que en bienes y servicios de origen nacional aumentó 0.1%.
Con respecto al mes de agosto de 2018, el IMCPMI mostró un avance real de 0.1% en el mes de referencia. Los gastos de origen nacional tuvieron un alza de 0.3% (los gastos en bienes se elevaron 0.9%, mientras que en servicios bajaron -0.5%) y en bienes de origen importado cayeron -1% con relación a los del mes de agosto de 2018.
De esta forma, las inversiones en maquinaria, equipo y construcción (inversión fija bruta) lograron aumentar en agosto, pero su precario nivel impidió rebasar la tendencia mostrada hace un año, por lo que tuvo una caída.
Aunque la inflación está registrando niveles acordes con la meta del Banco de México (a octubre fue de 3.02%), el consumo privado lamentablemente cayó en agosto como se anotó -0.3% como resultado de las menores importaciones (-4.1%) y el aumento de bienes y servicios de origen nacional (0.1%).
A juzgar por estos datos y por el crecimiento mostrado en la construcción y en la inversión fija bruta, no obstante el descenso en el consumo privado, al parecer es posible que a inicios de 2020 pueda dejarse atrás el momento de estancamiento por el que atraviesa la economía, comenzar un proceso de reactivación e impulsarse las inversiones del sector privado. Así lo ha manifestado el subgobernador del Banco de México Jonathan Heath, aduciendo que es posible que el escenario que hoy se vive también se deba a esta desaceleración o estancamiento inercial del primer año.
Por el bien del país y de los trabajadores y familias mexicanas, ojalá el estancamiento quede pronto rebasado y la ideologización “populista” del presidente López se traduzca, en los hechos, como dice nuestra Constitución General de la República, en resultados, con lo cual comience a tener sentido nacional, regional e incluso estatal y municipal el actual plan nacional de desarrollo, cuyo formato impide medir esos resultados y evaluar su impacto tanto cuantitativo como cualitativo.
















