México atraviesa momentos complejos. Las noticias, las redes sociales y las conversaciones cotidianas exponen constantemente hechos de violencia que, aunque no siempre ocurran en nuestro entorno inmediato, forman parte del ambiente informativo que también alcanza a niñas, niños y adolescentes.
La pregunta no es si debemos hablar del tema. La pregunta es cómo hacerlo sin generar angustia, pero sin negar la realidad.
El silencio no protege
Especialistas en infancia coinciden en algo fundamental: evitar el tema no significa proteger. Las y los menores perciben cambios en el ambiente, escuchan conversaciones, ven titulares, sienten la tensión adulta.
La Red por los Derechos de la Infancia en México ha señalado en distintos posicionamientos que el acceso a información clara, adecuada a la edad y acompañada por un adulto de confianza es una herramienta de protección emocional.
Cuando no explicamos, ellos imaginan. Y la imaginación, sin contención, puede ser más aterradora que la realidad.
5 claves para abordar el tema en casa

- Preguntar antes de explicar
Inicie con una pregunta sencilla: “¿Has escuchado algo sobre lo que está pasando?” Esto permite saber qué tanto saben y desde dónde partir. - Ajustar el lenguaje a la edad
Con niñas y niños pequeños, use explicaciones breves y tranquilizadoras. Con adolescentes, se puede profundizar más, pero siempre con datos claros y sin dramatizar. - Validar emociones
Si expresan miedo, enojo o confusión, no minimice: “Entiendo que eso te preocupe.” Nombrar la emoción les ayuda a procesarla. - Reforzar la sensación de seguridad
Es importante recordarles que existen adultos, instituciones y comunidades que trabajan para proteger. También enfatizar las rutinas diarias como espacios seguros. - Limitar la sobreexposición
La repetición constante de imágenes violentas puede generar ansiedad. Regular el consumo de noticias —incluido el nuestro como adultos— es una medida de salud emocional.
Comunidad: el mejor antídoto contra el miedo
Más allá de la conversación puntual, lo que verdaderamente protege es el entorno. Cuando niñas, niños y adolescentes se sienten escuchados, acompañados y contenidos, desarrollan resiliencia.
La violencia no se combate únicamente con información. Se enfrenta con vínculos sólidos.
En tiempos donde el país atraviesa desafíos, el hogar debe convertirse en un espacio de diálogo y confianza. Y las escuelas, en redes de acompañamiento.
Hablar de lo que ocurre no debilita a nuestras hijas e hijos. Los fortalece.

Lo que NO debemos hacer al hablar de violencia con niñas, niños y adolescentes
Hablar del tema es necesario.
Pero hacerlo mal puede generar más ansiedad que claridad.
- Minimizar o ridiculizar sus emociones
Frases como “no pasa nada”, “no exageres” o “eso no te debe preocupar” invalidan lo que sienten. Si hay miedo, primero se reconoce; luego se acompaña. - Dar detalles crudos o innecesarios
No es recomendable describir escenas violentas ni compartir imágenes explícitas. La sobreinformación no educa; impacta emocionalmente. - Usar el miedo como herramienta de control
Decir “si no te portas bien te puede pasar algo” o “mira lo que les pasa por desobedecer” genera inseguridad y desconfianza. - Exponerlos constantemente a noticias
La repetición de imágenes o titulares alarmistas puede aumentar la ansiedad. Es importante regular tiempos y contenidos, incluso en adolescentes. - Evadir completamente el tema
El silencio absoluto no protege. Si no hablamos, buscarán respuestas en redes sociales o entre pares, donde la información puede ser confusa o incorrecta. - Transmitir desesperanza
Comentarios como “este país ya no tiene solución” pueden generar sensación de indefensión. Es importante reconocer la realidad, pero también hablar de soluciones, comunidad y acciones positivas.
Un principio clave
Las y los menores no necesitan toda la información.
Necesitan sentirse seguros.
Y la seguridad emocional se construye con presencia, escucha y coherencia.
“La conversación no elimina la violencia, pero sí evita que el miedo crezca en silencio.”
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