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¿Cómo hacer que tu aguinaldo deje de esfumarse?

Por una bloguera de finanzas personales que también ama las fiestas… pero odia la cuesta de enero

Seamos honestas: el aguinaldo llega como héroe de película… y desaparece como villano silencioso. Un par de regalos, cenas, “me lo merezco” por aquí, “solo una cosa más” por allá… y enero nos recibe con estrés financiero, culpa y la clásica frase: “el próximo año sí me organizo”.

Spoiler: este año sí puede ser diferente.

Tu aguinaldo no es un premio para gastar sin pensar; es una herramienta poderosa para rediseñar tu futuro financiero. Y no, no se trata de vivir en modo monje ni de cancelar la Navidad. Se trata de estrategia, claridad y un poquito de rebeldía financiera.

1. Antes de gastar un peso… pausa (sí, aunque cueste)

El primer impulso es hacer una wishlist interminable. Pero antes de abrir Amazon o lanzarte al centro comercial, regálate algo mejor: una pausa consciente.

Hazte estas preguntas incómodas (pero necesarias):

  • ¿Tengo deudas activas?
  • ¿Qué tarjetas me están cobrando intereses altos?
  • ¿Qué pagos vienen a inicios del próximo año?
  • ¿Tengo un fondo de emergencia… o vivo rezándole a la quincena?

Esta pausa es clave porque te devuelve el control. La estabilidad financiera no empieza cuando ganas más, sino cuando dejas de gastar en automático.

2. La regla de los tercios: simple, práctica y cero culpas

Aquí entra la magia. El Dr. Ernesto Bravo Benítez (IIE, UNAM) propone una fórmula tan sencilla que funciona incluso para quienes “no son buenas con el dinero”:

Divide tu aguinaldo en tres partes:

  • ⅓ Ahorro o inversión: tu yo del futuro te lo va a agradecer.
  • ⅓ Deudas y gastos fijos próximos: adiós intereses, hola tranquilidad.
  • ⅓ Disfrute presente: porque también se vale gozar sin culpa.

¿Lo mejor? Evita el drama del “me lo gasté todo” o el “no disfruté nada”. Y ojo: si tus deudas son grandes, puedes ajustar la fórmula y destinar más a liquidarlas. Flexibilidad, no perfeccionismo.

3. Ahora sí, bajemos esto a tierra

El poder del ahorro (aunque empiece pequeño)

Si nunca has ahorrado, tu aguinaldo es el punto de partida perfecto.

  • Crea o fortalece tu fondo de emergencia (Profeco lo recomienda).
  • Bancariza tu dinero: nada de colchón ni sobres escondidos. Una cuenta de ahorro o inversión puede hacer que tu dinero trabaje por ti.

Recuerda: poco es mucho. El hábito vale más que la cantidad.

Misión: eliminar deudas

Pagar deudas no es aburrido, es liberador.
Ataca primero las que tienen intereses más altos. Cada peso que destinas aquí es un rendimiento garantizado, porque es dinero que ya no regalarás al banco.

Menos deudas = más libertad para empezar el año.

Te dejamos el link de un video que en lo personal me ayudó mucho, pero en general Eduardo Rosas es un crack de las finanzas personales

No me lo agradezcas, lo hago con gusto.

Gastar… pero con inteligencia

Disfrutar tu aguinaldo también es parte del plan. Solo hazlo con cabeza fría:

  1. Define un presupuesto (y respétalo).
  2. Haz una lista de compras.
  3. Compara precios y calidad.

Así celebras sin remordimientos ni sobresaltos bancarios en enero.

4. Invertir también es cuidar de ti (y de tu casa)

No todo es ahorro o deudas. Tu aguinaldo también puede fortalecer tus activos más valiosos:

  • Tu bienestar: cursos, aprendizaje, actividades físicas o creativas. Eso es inversión en capital humano.
  • Tu hogar: mantenimiento, pintura, impermeabilización. Cuidar tu casa es cuidar tu patrimonio.

Estas decisiones construyen valor mucho después de que se acaba la temporada navideña.

Tu aguinaldo como acto de rebeldía financiera

En un país donde, según la ENIF, 3 de cada 10 personas no tienen ningún ahorro, planear tu aguinaldo no es solo una buena idea: es un acto de rebeldía.

Es decirle no a una cultura que vive del consumo impulsivo y sí a una vida con más calma, control y opciones.

Tu aguinaldo no es un extra cualquiera. Es una oportunidad anual para cambiar tu relación con el dinero.

No importa cuánto recibes, sino qué decides hacer con él.

Divide, planea, disfruta… y empieza a construir hábitos financieros que te acompañen toda la vida.

Porque la verdadera riqueza no está en gastar más, sino en vivir con menos estrés y más libertad.

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