Se trata de uno de los más sangrientos cometidos en la ciudad en los últimos años. Las autoridades calificaron como un ataque terrorista.
En Jerusalén, dos hombres palestinos abrieron fuego en una concurrida parada de autobús en la intersección de Ramot, en la periferia norte de Jerusalén, causando la muerte de al menos seis personas e hiriendo a más de 20.
Los agresores, procedentes de la ocupada Cisjordania, llegaron en automóvil y abrieron fuego contra la multitud.
Tras el ataque, fueron neutralizados en el lugar por un soldado y un civil armado.
Cámaras montadas en vehículos captaron escenas de huida y pánico: personas corriendo por calles, un autobús con múltiples impactos de bala en parabrisas y ventanas, y cuerpos tendidos en el pavimento.
Entre los fallecidos se encontraban un rabino, un residente de 25 años originario de España, y una ciudadana argentino-israelí identificada como Sarah Mendelson, líder juvenil del movimiento Bnei Akiva, quien había vivido desde joven en Israel.

El primer ministro Benjamin Netanyahu definió el suceso como un lamentable “acto de terrorismo” y anunció una amplia operación de búsqueda en Cisjordania para capturar posibles cómplices y prevenir nuevos ataques.
Mientras tanto, la Autoridad Palestina condenó el ataque contra civiles, aunque grupos como Hamas e Islamic Jihad lo elogiaron como acto de resistencia, sin atribuirse directamente la autoría.
La comunidad internacional expresó su condena unánime. España confirmó que uno de sus ciudadanos murió en el atentado, y varios gobiernos —entre ellos la Unión Europea, Francia y Emiratos Árabes Unidos— emitieron comunicados repudiando la violencia y reafirmando su apoyo a Israel en materia de seguridad.
Este incidente refuerza la tensión latente en Jerusalén justo en pleno conflicto en Gaza. Se suma a una serie de ataques anteriores, como los ocurridos en Tel Aviv (octubre 2024) y en Jerusalén en 2023, revelando la persistente fragilidad de la seguridad urbana.
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